Las calificadoras tienen una gran influencia en los mercados y pueden equivocarse en sus juicios de apreciación. Es cierto que lo hicieron en Estados Unidos, pero la nación helénica está en problemas.

¿Realmente Grecia recibió un golpe de Standard and Poor’s (S&P) con la rebaja de su calificación hasta niveles cercanos al impago?

Esta consideración, asentada en las crónicas respecto del papel de las firmas calificadoras, es tanto como matar al mensajero.

Es cierto que estas firmas de análisis tienen gran influencia en los mercados y pueden equivocarse en sus juicios de apreciación. Ya lo hicieron al no advertir del todo la crisis subprime de Estados Unidos y, en fechas posteriores a ese evento, ya exageraron sus observaciones en aquellos días difíciles de la Gran Recesión.

Pero en el caso de Grecia no parece haber mucho margen de error. Esa economía está al borde del impago simplemente porque su deuda crece, sus ingresos bajan y no parece tener éxito el plan de rescate financiero y de recortes fiscales prometidos por Atenas.

Se trata de un país europeo enclavado en el corazón del Mediterráneo que tiene peores calificaciones que Camerún o Zambia, mismas que lo ubican al pie del precipicio del impago de sus deudas.

No sería el primer país del mundo en verse obligado a replantear sus obligaciones crediticias, pero sí se trata del primer país atado a una moneda única del alcance, calidad y peso del euro en enfrentar eventualmente una situación así.

El debate europeo es ayudar al país helénico con todo, recordando la experiencia estadounidense de Lehman Brothers o dejar que asuma las consecuencias de sus actos y que tome las decisiones que vengan como Estado libre y soberano que es ese país.

Y en eso está Europa con el peligro del contagio a otras naciones en condiciones financieras cercanas.

Pero la irresponsabilidad financiera puede no estar tan lejos, quizá basta echarle un vistazo a la casa para ver cómo muchos estados del país manejan sus finanzas como griegos.

Aquí también las firmas calificadoras han puesto el ojo sobre el comportamiento crediticio de los estados y municipios.

S&P, la misma empresa que dejó las calificaciones del papel helénico en el bote de la basura, advierte sobre el bajo nivel de transparencia fiscal y planeación financiera de mediano y largo plazos de los estados y municipios.

Advierte que esto podría limitar más la calidad crediticia de estas entidades.

Claro, lo más sencillo es descalificar a estas empresas, acusándolas de atentar en contra de la estabilidad financiera sin fundamento. El problema que ven Standard and Poor’s, Moody’s, Bank of America-Merrill Lynch o cualquier otro analista es que los gobiernos locales han aumentado sus obligaciones financiaras sin fortalecer sus ingresos propios.

Se ha creado un círculo vicioso entre los estados y municipios, respaldados en la certeza de que obtendrán recursos de la Federación, mismos que utilizan como garantías para que el otro componente de la ecuación perversa sean los bancos, que han encontrado un nicho para obtener ganancias altas y sin grandes riesgos.

México ha tenido un manejo por demás prudente de la deuda. Ha mejorado su perfil y es un ejemplo mundial en esa materia, pero lo que ocurre con los estados y los municipios debe encender una alerta interna, antes de tener que generar nuestra propia versión de una tragedia griega.

La primera piedra

Con un poco de ingenuidad, hay quien se pregunta para qué compite Agustín Carstens por la Dirección del Fondo Monetario Internacional, si él mismo acepta que los dados están cargados y que la ministra francesa Christine Lagarde será la próxima Gerente.

Pues por la misma razón que, en el futbol, otros equipos no piensan que no tiene caso saltar a la cancha si ya saben que Brasil ganará el Mundial. Porque hay que competir y en la competencia se puede ganar o, al menos, darse a conocer como un equipo competitivo.

Lo que gana Carstens con esta exposición es mucho, porque podría no llegar a la Dirección del FMI, pero podría ser fichado por una infinidad de grupos financieros de renombre. O, simplemente, elevar su nombre hasta la más exclusiva élite de economistas del mundo.

Hoy, el mundo financiero del planeta conoce a Agustín Carstens y lo aprecia; lamenta que no pueda llegar a esta posición, a pesar de estar tan preparado. Así que si Carstens no hace la chica en esta elección, podemos apuntarlo como favorito en el relevo del 2016.