Si sientes una bolita extraña en el cuerpo, no lo dudes: ve al médico de inmediato. Te podrá decir que se trata de una costra de mugre, o bien, que has descubierto a tiempo un tumor. Grecia, pero también Portugal, Irlanda, España e Italia dejaron crecer esas tumoraciones sin prestar atención a lo cancerígeno que pueden resultar los déficit fiscales.

Lo curioso del caso es que sus doctores, que habitualmente hablan alemán, no se dieron cuenta de sus problemas de salud financiera y tanto ellos como los laboratorios que monitorean la salud financiera, llamados calificadoras, extendían certificados de buena condición sin temor.

Me tocó estar en Grecia en el momento en que los manifestantes se desbordaron en las calles de Atenas y de otras ciudades importantes de ese país. Su rencor no tenía un fundamento económico. La gente tiene rencores políticos. Es más, rencores partidistas. Creen que con quitar o poner gobernantes arreglan su problema.

La gente en las tiendas, en las calles cree que el gobierno lo hace por joder. Están convencidos que la administración del primer ministro, Yorgos Papandreou, tiene la clara intención de molestar al griego de a pie.

Claro que él empezó, porque parte de la politiquería del Ministro fue llegar al poder a denostar a los anteriores gobernantes.

Justo ahora que los griegos necesitan tener ingresos extraordinarios para salir delante de sus predicamentos, toman una actitud belicosa que acaba por perjudicar una de sus principales fuentes de ingreso.

Y es que justo antes de que inicie la temporada fuerte de turismo en ese bello país, vienen las protestas violentas, con todo y muertos, a espantar a este turismo que tiene además una enorme variedad de opciones muy interesantes en el mismo continente.

Para cuando los ministros de Finanzas de la Unión Europea salieron de su reunión con el paquete de rescate bajo el brazo, ya estaba en París y mis acompañantes galos echaban chispas del coraje de tener que pagar, otra vez, por la mala actuación de gobiernos irresponsables.

Total que desde afuera Europa parece un nuevo foco de contagio financiero. Pero, desde dentro, la Unión Europea parece un polvorín político que podría costarle la cabeza a muchos gobiernos.

Lo que Grecia obtuvo hasta ahora es tiempo. El necesario para poder demostrar si efectivamente puede con la responsabilidad de reordenar sus finanzas. Lo que implica un reordenamiento del país completo.

Lo malo es que con todo y los 146,000 millones de euros de la combinación Europa-FMI, el país helénico no ha resuelto sus problemas fundamentales: la corrupción, la enorme evasión de impuestos de un creciente mercado informal y la apatía social por preservar la integridad nacional (vaya diagnóstico tan terriblemente parecido al mexicano).

La combinación se ve altamente explosiva: un país tolerante con la evasión y la corrupción que repentinamente tiene que enfrentar un paquete muy drástico de reducciones en sus gastos y de aumento en sus ingresos.

Vamos, Grecia necesita medidas financieras drásticas, pero se antoja más necesario entrar en un proceso de cambios sociales profundos. Lo que en México sabemos perfectamente bien que es muy difícil por lo complicado que resulta romper los círculos viciosos.

Los villanos del Olimpo

En estos días, el villano favorito de los griegos no es un personaje, sin duda detestan a muchos políticos, pero en la parte más alta de los responsables de su crisis ponen a los Juegos Olímpicos del 2004.

El orgullo griego de haber perdido la sede olímpica del 96 frente a Estados Unidos los llevó a apostarlo todo por obtener una organización contemporánea de este encuentro deportivo.

Y lo hicieron hace seis años, pero a un costo altísimo: 12,000 millones de euros en instalaciones deportivas que hoy están semiabandonadas.

Entonces, Grecia ha ganado tiempo. No ha resuelto la crisis. Tienen internamente que decidir cómo pagar lo que deben, que no es poco.

Los ojos de Europa y del mundo están sobre esta economía y sobre las otras europeas que también han cometido excesos en el camino del crecimiento. Y ahora tienen que dar resultados en sus planes de reestructura.

Estamos ante el más grande plan de rescate de una economía en la historia del mundo. No hay posibilidades de fallar en esta encomienda, por más que los griegos no lo quieran ver.