Grecia tiene poco, debe mucho y lo único que mantiene a este país a flote es su membresía en el club de la moneda única europea.

Argentina, en su momento, estaba igual: con muchas deudas, poco (muy poco) dinero para pagarlas y una liga artificial al dólar que, por ser unilateral, no pactada con el emisor original de su modelo monetario, simplemente, no le sirvió de escudo. Al contrario.

Las similitudes entre la Grecia de estos tiempos y la Argentina de principios de siglo son muchos. Gobiernos irresponsables queriéndose pasar de listos con los mercados y sus ciudadanos y que, en pos de un progreso económico mágico, acaban por mandar al país completo a la orilla del despeñadero financiero.

Amanecemos este lunes con la esperanza de que los acreedores privados y los gobernantes del país helénico logren un acuerdo para renegociar algo así como 200,000 millones de euros que Atenas debe a instituciones privadas.

Este fin de semana los preocupados banqueros que encabezan estas negociaciones dejaron ver una tímida sonrisa, porque saben que si logran un acuerdo donde pierdan 50% de esos bonos y si son flexibles para poner fechas de cobro, habrán recuperado lo más que se puede en estos momentos.

Y esos acreedores que hoy tienen sentimientos encontrados son, en su mayoría, franceses y alemanes. Y es que si Francia perdió su calificación crediticia perfecta fue en buena medida por su exposición en Grecia.

Porque resulta que 57% de la deuda que hoy le resulta impagable a los griegos está en mano de los franceses. Hay otro 34% en manos de alemanes y un 14% en poder de los británicos.

Y son éstos los que hoy rezan porque no haya un cambio en el ánimo del gobierno de Atenas para hacer frente a sus compromisos.

No olvidan que hace poco, cuando Grecia logró un plan de rescate, el gobierno heleno pretendió un referéndum para ver si se aceptaba.

El estúpido lance populista de los políticos griegos le costó la cabeza al Primer Ministro y a los mercados, millones de dólares, euros, pesos, etcétera, por el pánico provocado.

Lo que ha salvado a Grecia, a sus acreedores y al mismo tiempo ha perjudicado a muchos países europeos es que el gobierno helénico firmó un contrato de adhesión a una moneda que se supone habría de homologar a Europa en un solo bloque con un desarrollo más equilibrado.

Sólo que al momento de llenar el cuestionario, como si fuera un interrogatorio médico, el paciente no confesó que entre sus enfermedades estaba una hipertensión fiscal y un cierto anquilosamiento en sus motores económicos internos, que limitaban su movilidad y su crecimiento.

Pero los doctores comunitarios obviaron el check up y le dieron el visto bueno.

SI Grecia no tuviera hoy el común denominador del euro, estaría abandonado a su suerte.

Pero, precisamente, como comparte la moneda de Europa, muchos tienen el temor de que tengan dentro del viejo continente una bomba de tiempo al estilo argentino.

Desde Buenos Aires, un día su gobierno decidió que dejaría de pagar lo que debía, ante la imposibilidad de sus acreedores de aceptar las condiciones de la Casa Rosada.

Fueron días de descontrol, de violencia, de disturbios y muerte en Argentina. La gente no tenía acceso a su dinero en los bancos porque su gobierno decidió dejar de pagar lo que debía y eso incluía a las grandes instituciones mundiales y, también, a los jubilados.

Argentina había decidido, en los años previos a su debacle, ligarse al dólar de Estados Unidos. Pero lo hizo sin preguntar, lo hizo por sus pistolas.

Sin mejorar su competitividad, sin darse cuenta que la moneda, al final, es sólo reflejo de lo que ocurre con el resto de la economía, la dolarización acabó por ser la peor decisión para los sudamericanos.

Cuando Argentina no pudo sostener la dolarización nadie los ayudó, porque no había contratos de por medio. Los gauchos quebraron y se sumieron en un triste y profundo tango del que hasta la fecha no se levantan, porque perdieron la confianza del mundo.

Grecia tiene la suerte del euro pero eso también implica una enorme responsabilidad. Si el gobierno helénico no llega a un acuerdo con sus acreedores, podría perder su membresía. Grecia seguiría el camino argentino y volvería a su moneda, el dracma, y como dice el tango: Y, aunque no quise, el regreso siempre se vuelve al primer amor... Volver con la frente marchita, las nieves del tiempo platearon mi sien .