Serenidad, en lo oscuro

surge la espera .

Libro de los Antiguos Misterios

La globalización descansa en una estructura de compacidad. Se define como el grado de presión que economías y sociedades ejercen unas sobre otras.

El caso de Grecia ilustra esto a la perfección. México debería analizarlo en sus distintas vertientes, más allá de la situación de urgencia por la que atraviesa ese país en el que se construyó uno de los vocabularios de la razón occidental.

Grecia aparece como el eslabón más débil de la Unión Europea, una de las planicies financieras más integradas del sistema. El temor a que cayera en la insolvencia arrasó con las bolsas, puso en duda la pertinencia y la funcionalidad del euro en un futuro cercano, y hasta devaluó el peso. Pero, después de Grecia, todavía pueden seguir Portugal, España, Bélgica, Italia y, entonces, Europa, Estados Unidos, México y el mundo entero.

Se está en un segundo ciclo de la crisis que en el 2008 desató Estados Unidos. Apenas comienza, y algunos expertos consideran que los 960,000 millones de dólares aprobados para inyectarlos a los países europeos en problemas, podrían no ser suficientes. Si Europa cae no habrá quien se salve, aunque por el momento Gran Bretaña y Suecia consideren que sostener el euro no les incumbe.

Si a lo anterior se agregan la velocidad y la virtualidad de los instrumentos que animan el movimiento de los capitales, se tendrá una radiografía más precisa del desastre económico que toca a la puerta. El jueves pasado, el sistema virtual del mercado accionario de Wall Street enloqueció, y durante 20 minutos se hizo polvo. Las investigaciones en curso al respecto deberán aclarar lo que realmente sucedió y, sin duda, la primera conclusión será regular la velocidad impensable de las operaciones en ese mercado. Los capitales no pueden seguir ganando a una velocidad mayor que la de la luz.

Otra lección de estos días apunta hacia la paciencia y constancia con lo que se han de construir las bases de una economía competitiva. Aquí, como en la naturaleza, no se dan saltos. Puesto que no están a la orden del día las viejas revoluciones del siglo XX, y ya muestra su efectividad la que está en curso a través de violencia, velocidad y virtualidad, sólo queda protegerse, blindarse , mediante acciones coordinadas para establecer entornos de oportunidades para todos, que hagan fuertes a todos.