Uno de los aspectos en los que México está muy mal calificado cuando se mide la competitividad mundial es en el de la eficiencia gubernamental.

Aun a pesar del enorme crecimiento que se ha registrado en el gasto público durante el presente siglo, esto sólo ha servido para aumentar la burocracia y hacerla más ineficiente, en detrimento tanto de la calidad de los servicios públicos como de la atención a la sociedad.

Cada vez hay más trámites, ventanillas y formatos que llenar, acompañados de innumerables documentos, con sus debidas copias, trámite que cuesta a la sociedad para cumplir y al gobierno para administrar. Simplemente ponemos el caso de un proveedor interesado en participar en una licitación. Debe obtener poderes notariales y copias certificadas, con los debidos formatos, estados financieros con sus respectivos dictámenes y hacer fila en las ventanillas para entregarlos, que sean debidamente recibidos, revisados y aceptados. En caso de que no gane el concurso y participe en otro en la misma dependencia, hay que realizar el trámite de nueva cuenta.

Otro de los aspectos que merma la competitividad es el relacionado con el ejercicio del gasto público. Nuevamente, al hablar de proveedores y contratistas, no importa que se hayan establecido correctamente los plazos y calendario de pagos, éstos salen y son entregados a los proveedores cuando les viene en gana a los funcionarios, sin saber o importándoles poco que exista un clarísimo costo financiero para cubrir los periodos en que la empresa debe conseguir financiamiento para adquirir materias primas, pagar personal y realizar las obras, o entregar lo establecido en los contratos.

Los criterios que se utilizan para contratar o comprar, así como los estándares para calificar la calidad o certificar obras y adquisiciones cambian cuando cambia la administración en turno, lo cual genera costos para ambas partes y, si por mala suerte cambia algún funcionario antes de entregar facturas, el pago de las mismas queda en el aire.

Éstos son sólo algunos aspectos que directamente merman la eficiencia gubernamental y que inciden sobre los costos de la administración, pero existen muchas otras áreas en las que no se ha puesto énfasis y que es necesario revisar si es que en el futuro queremos que nuestra economía recupere su capacidad para crecer a una tasa más elevada. Requerimos de una reingeniería a fondo para recuperar la eficiencia gubernamental en todas las áreas.

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