La experiencia de las elecciones recientemente celebradas en Francia nos enseña la pertinencia de dos vueltas electorales.

El futuro de la política pasa por el diseño necesario de reformas democráticas ante nuevos problemas y porque hay que prever los riesgos totalitarios que siempre están presentes.

La experiencia de las elecciones recientemente celebradas en Francia nos enseña la pertinencia de dos vueltas electorales para elegir al Presidente de la República y así garantizar la gobernabilidad.

La primera de estas vueltas sería para seleccionar a dos candidatos, los de mayor votación si ninguno de ellos tiene mayoría absoluta. La segunda, para hacer alianzas y más promoción de la propuesta política, que permita subir el nivel de votación y lograr mayoría.

Esta experiencia, al igual que otras similares en otros países, ha motivado que líderes de opinión y figuras políticas mexicanas que no están en el poder planteen la conveniencia de tener dos vueltas electorales en México y gobiernos de coalición. Esto ante el probable y muy bajo nivel de alrededor de 30%, en favor del presidente que salga de las elecciones del 2018. Este porcentaje conduciría a una débil gobernabilidad.

Otra cuestión que se desprende de la reciente experiencia francesa es el surgimiento de una posición de centro político, que ganó en la pasada elección. El triunfo se explica por el hartazgo de la ciudadanía por las posiciones anacrónicas de la izquierda y la derecha, que no ofrecen respuestas satisfactorias a la ciudadanía. Por ello, ha surgido el extremismo político que rechaza todo, entre otras cuestiones a la organización política comunitaria de Europa y a la Organización del Tratado del Atlántico Norte.

La posición emergente del centro político y de su líder francés, Emmanuel Macron, ha sido la única que se ha planteado la necesidad de consolidar la estructura institucional de la Unión Europea para el bienestar de sus ciudadanos. Y de paso, rechazar el proteccionismo comercial amenazante y las provocaciones antidemocráticas hacia Europa de Vladimir Putin, presidente de Rusia.

Varias décadas atrás, Octavio Paz reflexionaba así sobre las tendencias políticas en nuestro país: México ha vivido siempre entre los extremos, la dictadura y la anarquía, la derecha y la izquierda, el clericalismo y el jacobinismo. Nos ha faltado casi siempre el centro y por eso nuestra historia ha sido un largo fracaso. La prudencia, natural enemiga de los extremos es el puente del tránsito pacifico del autoritarismo a la democracia .

La pregunta a que nos conduce las anteriores especulaciones es ¿Quién puede ser el Macron mexicano? Un candidato ni-ni (ni de izquierda, ni de derecha, ni de partido). No se ve a ninguno en perspectiva. Pero con todo lo difícil, seguramente se crearán en el país las condiciones para que exista, tarde o temprano, esta posibilidad.