El asesinato de la presidenta municipal de Temixco, Morelos, Gisela Mota, tiene también implicaciones económicas. Las tiene por la visibilidad de ese crimen, por la amenaza de contagio que conlleva, porque difunde una muy destructiva sensación de que a cualquiera nos puede ocurrir. Invita también a que los turistas la piensen dos veces antes de decidir ir de visita a esa entidad.

Colóquese, querido lector, en los zapatos de una persona que tiene negocios en Morelos. Es muy probable que se encuentre pensando en vender su empresa o, en el mejor de los casos, en posponer o suspender los planes de expansión que tenga para la misma. Intuye que perversamente su integridad peligra en razón directa al éxito de sus empresas. ¡Precisamente el incentivo inverso al que lleva una comunidad a la prosperidad!

El progreso económico de México, en general, y del estado de Morelos, en particular, depende de la inversión privada. Si hay empresas prósperas, se ofrecen empleos, se producen bienes y servicios en beneficio de los consumidores, se genera demanda para los proveedores y se pagan impuestos locales y federales. Esto último es clave, pues con los ingresos así captados se financian las inversiones públicas en infraestructura. En ese mismo orden de ideas, el ahorro se debilita cuando los ciudadanos perciben que en cualquier momento pueden ser víctimas de un asalto, de robo de su casa habitación, de un secuestro.

La inseguridad es veneno puro para el círculo virtuoso de ahorro-inversión-producción-empleo del que depende la prosperidad de todo país. No hay fórmula sustituta para el desarrollo que no sea la de trabajar muy duro y ahorrar mucho. El crimen atenta indirecta y directamente contra la empresa y ese hecho debe ser motivo de gran preocupación para los que nos interesa legítimamente el bienestar creciente de los mexicanos.

El crimen es altamente nocivo para el desarrollo económico y su remache perfecto es la impunidad. En México es harto sabido que con mucha frecuencia los grupos criminales subsisten y tienen éxito en razón de que cuentan con la colusión de policías y autoridades. En alguna ocasión un observador perspicaz me compartió una observación reveladora: ¡no existe tal cosa como el crimen organizado, lo que existe es el crimen protegido! Por esta última razón es que resulta tan importante que el homicidio de Gisela sea esclarecido satisfactoriamente y que los culpables terminen en la sombra.

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