La política de subsidio al precio de la gasolina tiene ?un costo para el gobierno de 200,000 pesos al año.

Cuando en el México de 1962 les dijeron a los automovilistas que se impondría un impuesto por el uso de los vehículos les prometieron que sería de manera temporal para poder financiar los Juegos Olímpicos de 1968.

La medida fiscal fue tan eficiente que el gobierno simplemente lo dejó. El problema es que los gobernantes de entonces no tuvieron el valor de decir abiertamente que lo eternizarían dentro del sistema tributario nacional.

Cuando en épocas de Salinas de Gortari se tomó la determinación de subsidiar una parte de las gasolinas, lo que se atendía era la obsesión de controlar la inflación que ciertamente había alcanzado cifras estratosféricas en los años previos a este sexenio.

Pero cuando el objetivo se cumplió y a través de la imposición de los pactos económicos se logró la estabilidad de precios, la distorsión presupuestal de gastar el dinero de todos en el subsidio a unos cuantos se dejó.

Era una de tantas aberraciones económicas cometidas durante el salinato, como aquella de rebajar la tasa del IVA a 10% e inscribir cientos de productos y servicios en la tasa cero y la exención de ese impuesto al consumo.

Y ésta es justamente la peor parte del manejo fiscal irresponsable, el uso de los instrumentos de ingreso y gasto del gobierno como armas electorales. Salinas sacrificó miles de millones de pesos en recaudación para obtener una mayoría absoluta en las elecciones legislativas intermedias y para garantizar una sucesión presidencial a su medida. Al final, este propósito falló por otras cuestiones.

Pero ésa es la historia de las torceduras fiscales más importantes. La Tenencia ya era parte de la tradicional mentada de madre de principio de año. Tras la queja, venía el pago. Y más cuando de manera abusiva ataron el pago del impuesto a la verificación ecológica.

Pero llegó la campaña presidencial del 2006 y subieron los costos para obtener el triunfo. Competir contra un mesías que lo prometía todo, aunque fuera evidente que poco podría cumplir, hizo que los panistas recurrieran al canto de las sirenas.

Felipe Calderón prometió en campaña eliminar el cobro de la Tenencia, sin tomar en cuenta que aunque se trataba de un impuesto federal, era 100% participable a las entidades. Lo que anticipaba serios problemas locales.

Pero como los que más ruido hacen en la opinión pública son los sectores de ingresos medios, entonces la medida se ejecutó. Muchas entidades, gobernadas por los más diferentes partidos políticos, siguieron el ejemplo federal y determinaron no sustituir este ingreso por un gravamen local.

Ahora que está claro que fue un error financiero importante dejar de contar con un ingreso así, de un impuesto progresivo y endosado básicamente a la población de medianos y altos ingresos, pues buscan la manera de recuperar algo de lo perdido.

El gobierno de la ciudad de México, por ejemplo, invierte parte de su alto capital político en echar para atrás una medida del gobierno anterior.

Obviamente que fue una irresponsabilidad de Marcelo Ebrard no sustituir con un impuesto local la tenencia federal perdida, pero en la mente de este personaje estaban sus ambiciones, no las finanzas de la ciudad. Ahora Mancera tiene que pagar políticamente.

En cuanto a las gasolinas, la Secretaría de Hacienda hace lo correcto al hablar con total claridad de lo que implica el desviar recursos públicos al subsidio de estos combustibles. Explica muy bien que ese dinero sirve más para la población vulnerable que para los que tienen auto.

Ratifica la política de corrección de este desvío que nos cuesta hasta 200,000 millones de pesos al año, pero otra vez falla Hacienda en definir una política más clara en cuanto al precio de los energéticos.

En estos momentos en que el dólar se ha depreciado frente al peso y que han bajado de precio las gasolinas en Estados Unidos, los precios están a la par. Hoy, de hecho, es más barata la gasolina en Texas (menos de nueve pesos por litro) que en México.

Si comparamos el precio con California, podría ser todavía más barata la gasolina en México. Pero el punto es que es necesario que se defina una política sobre qué hacer con los precios de las gasolinas, la energía eléctrica y el gas licuado de petróleo.

Éstos son algunos de los energéticos que gozan del subsidio público y que mantienen un manejo discrecional de sus precios.

¿Cuándo dejarán de subir las gasolinas? ¿Tendrán algún día un precio de mercado? ¿Habrá competencia en estos sectores? ¿Cuándo terminarán con los enredos paternalistas y populistas del manejo de estos precios?

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