De acuerdo con diversos estudios sobre el uso de agua en los sistemas agropecuarios, el consumo de agua para la producción agropecuaria en los mejores casos es de cientos de litros por kilogramo de producto procesado.

En este sentido, los productos ganaderos consumen mucho más agua que los productos agrícolas. Sin embargo, los sistemas de producción intensiva utilizan menos agua con relación a lo sistemas de producción extensiva.

Para el cálculo del consumo de agua existe además una metodología. Así, se considera que el total del agua utilizada proviene de tres orígenes: aguas verdes, azules y grises.

Para la ganadería, el agua verde es la utilizada para producir el alimento que consumen los animales, la azul es la que se utiliza para bebida, limpieza y otros servicios y la gris es la necesaria para asimilar los contaminantes generados en el sistema.

En un sistema de pastoreo, el agua verde es la que capta el terreno que utilizan los animales –no se cuenta la que escurra o se infiltre al subsuelo-. Hay gasto por evaporación del suelo y evapotranspiración de las plantas; la restante es retenida en suelo y vegetación. De esta masa vegetal, el ganado come sólo una fracción, para entonces transformarla en productos finales con una eficiencia relativamente baja.

Eso explica el gasto tan alto de agua en estos sistemas en el mundo, pues 94% del agua para la producción de carne de bovino es verde. Para matizar los datos, recordemos que casi toda esa agua proviene de la lluvia que recibe el terreno, parte de la cual alimenta ríos, embalses y acuíferos. El uso de agua en sistemas pastoriles, por tanto, no es tan oneroso para la sociedad como puede percibirse en primera instancia.

Si contrastamos ahora esto con la situación de sequía actual y su recurrencia prevista, encontramos necesario hacer más eficientes en agua las cadenas productivas animales, desde el cultivo de insumos alimenticios hasta el procesamiento.

En los sistemas más dependientes de la lluvia inmediata, como los de pastoreo, habrá que incrementar la capacidad de almacenamiento de agua, pero más importante será modificar también los sistemas de producción: usar árboles forrajeros que alcanzan agua más profunda, aumentar la productividad forrajera y animal, y aplicar un manejo general que contemple entre sus objetivos una mejor economía del agua.

*Luis Fernando Iruegas Evaristo es especialista de la Subdirección de Evaluación Sectorial en FIRA. La opinión es responsabilidad del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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