Los europeos tienen encuentros constantes, pero la de hoy es una oportunidad única ante los emergentes.

No hay manera de que hoy el idioma oficial sea el inglés... Hoy las palabras que se tienen que pronunciar con más fuerza y preocupación son en griego.

Es muy probable que este lunes lleguen tarde a la Cumbre del G-20 tanto Angela Merkel, canciller del gobierno alemán, como François Hollande, presidente del gobierno francés.

Y es que los dos no abordaron sus aviones hasta que no conocieron el resultado de las votaciones en Grecia.

No querían llegar a Los Cabos sin tener pleno conocimiento del resultado y, con ello, de la estrategia que habrán de definir desde sus muy particulares trincheras.

Porque es un hecho, las dos economías más grandes de la zona euro piensan muy diferente sobre cómo proceder en estos momentos de crisis. Alemania defiende la disciplina como el arma secreta para salir de la crisis y Francia cree en la solidaridad de los ricos con los pobres países endeudados a través de la emisión de eurobonos.

Los dos vendrán volando, practicando ante el espejo cómo decirle al mundo que éste es el tiempo de rescatar a Europa como la única vía de que el orbe entero no entre en un colapso financiero que incluya otra recesión global.

Y ahí están en Los Cabos, esperando el aterrizaje de los europeos, lo mismo el anfitrión Felipe Calderón, que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, con un gesto de preocupación por lo que sucede en Europa, sin duda, pero cada uno de ellos con su respectiva agenda para la Cumbre.

Calderón quisiera que este encuentro fuera algo más que un cónclave de bomberos pensando cómo enfrentar la conflagración del viejo continente. Quisiera que los resolutivos de la Cumbre de las 20 economías más influyentes del mundo marcaran la agenda futura y con ello se anotara un punto positivo para su ya cercana expresidencia.

Además, el Presidente mexicano quiere que la influencia de este país quede de manifiesto, para dejar borrada de una vez por todas la desafortunada percepción de que las economías emergentes exitosas sólo son aquellas que caben en el acrónimo BRICS.

Va a ser muy difícil que esta Cumbre de hoy y mañana no tenga vista al Mediterráneo. A pesar de la imponente belleza que presentan los países emergentes.

Incluso más allá del avistamiento de ballenas, como China, que a pesar de la lentitud de su paso, la ola comercial que produce es imparable.

No hay manera de que hoy el idioma oficial sea el inglés, como de hecho lo es naturalmente en Los Cabos. No, hoy las palabras que se tienen que pronunciar con más preocupación y fuerza son en griego.

Aun ganando tiempo con un Parlamento pro ajustes presupuestales, Grecia se ha hundido a niveles tales que su corrección dentro de la zona de la moneda común ya se antoja muy difícil.

En la vida cotidiana pauperizada de los griegos de a pie, la moneda única se ha convertido en un estorbo. Euro que les llega, euro que guardan en un afán de hacer negocio el día -que ellos ven no tan lejano- en que deban cambiar la moneda europea por nuevos y devaluados dracmas.

Monedas paralelas, trueque. Vamos, si tuvieran cacao, lo usarían como los aztecas como divisa para llevar su economía.

Así que el tiempo ganado parece ya no ser importante. Terminar ahora, en lugar de hacerlo en unos meses, esta relación con la moneda común europea parece ya no marcar ninguna diferencia.

Por eso es que ésta es una buena oportunidad para analizar la manera de contener el fuego y de planear la santa sepultura del Estado fallido griego.

Los europeos tienen encuentros constantes, pero la de hoy es una oportunidad única. Porque tendrán frente a sí a naciones que hoy se juegan el liderazgo mundial.

Merkel y Hollande seguro que buscarán la simpatía para la causa europea del presidente chino, Hu Jintao, para que todo ese respaldo económico que sólo hoy el país asiático puede dar se canalice vía el Fondo Monetario Internacional.

Barack Obama no querrá perder su condición de buscar siempre jugar de local y otros, como Rusia o Brasil, querrán marcar también su estilo y dejar sus mensajes.

Lo cierto es que el G-20, que llega a su parte climática hoy y mañana, tendrá la mirada puesta inevitablemente en Europa. Y partiendo de ahí, lo que se pueda para hacerse cargo de lo importante.

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