Este fin de semana se reunieron en Busan, Corea del Sur, los ministros de llamado Grupo de los 20 o G-20 que integran las siete principales economías desarrolladas, otros países desarrollados, y las más importantes economías emergentes. Desde su reunión inicial en Washington en noviembre del año 2008 es el principal foro de análisis de la marcha de la economía mundial y de coordinación de las políticas económicas.

Hace un año el grupo recomendaba mantener una política fiscal contracíclica.

Ya no es el caso aunque la recuperación es aún frágil y desigual, el G-20 concluye que la lección de la reciente crisis de la deuda soberana europea es enfatizar la importancia de sostener una posición fiscal sostenible y creíble, promotora de crecimiento económico. Se recomienda a los países con serios problemas en las cuentas públicas acelerar su consolidación fiscal.

Para no quedarse atrás, ayer la jefa del gobierno alemán Angela Merkel anunció un recorte de gasto público por 80,000 millones de euros durante los próximos tres años, llamando a poner fin al programa de estímulo. Ajustes drásticos ya ocurren en Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y Portugal (PIIGS) forzado por los mercados de bonos. En tanto que el nuevo gobierno inglés prepara un programa de recortes del gasto público. En muy poco tiempo se ha pasado de una tolerancia simplista de déficit públicos y deuda pública a su aversión casi irracional.

La consolidación fiscal y la débil demanda privada de la eurozona no deja otra opción al Banco Central Europeo que la adopción de una política monetaria súper relajada, y la depreciación de la cotización euro-dólar. Según cálculos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) lo anterior provocará que la cuenta corriente de la balanza de pagos de la eurozona pase de una situación de casi equilibrio a un superávit persistente de por lo menos US300 billones. ¿Quién absorberá este excedente?

China, las economías emergentes y Estados Unidos. En el caso de China y de las economías emergentes que compiten con ese país, esto supondría aceptar sustanciales niveles de apreciación de sus monedas, y un cambio radical en sus patrones de crecimiento. Algo que difícilmente ocurrirá en la magnitud necesaria en el corto plazo. La alternativa de corto plazo es que Estados Unidos regrese a su rol tradicional como comprador de última instancia de la economía global.

En teoría los excedentes de ahorro europeos, japoneses, chinos y de los países árabes productores de petróleo pueden sostener durante varios años un repunte en el gasto privado y público de ese país, permitiendo que la recuperación del crecimiento de la economía mundial continúe varios años más a costa de agravar el desequilibrio global y hasta que estalle la próxima crisis. Finalmente si Estados Unidos impide de una u otra forma el deterioro de su cuenta corriente, o los países con excedentes de ahorro se niegan a financiar este déficit, la demanda agregada global se colapsará llevando al mundo a una nueva recesión.

La solución del problema de la economía mundial no es la simple consolidación fiscal, es mucho más compleja. En este momento el mundo tiene un déficit de demanda. En algunas regiones como en el sur de Europa se requiere acelerar la consolidación fiscal, pero en otras regiones con excedentes de ahorro, Alemania, China y Japón, se requiere todavía mayor gasto público y sobre todo mayor gasto privado. Al final será el G-2, Estados Unidos y China, el que debe negociar una solución sostenible al problema.

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