Este texto es el séptimo de una serie de reflexiones semanales sobre el papel de las encuestas en gobiernos y procesos electorales; ya pasamos, entre otros temas, por su influencia, su relación con políticos, con medios y con la estrategia; la semana pasada, la publicación F- Las encuestas y los legisladores coincidió con una propuesta para incrementar la regulación a las encuestas en México (regulación que existe hace muchos años y se actualiza constantemente), que llega al extremo de plantear una velada limitación a las libertades de prensa y de expresión. Esta propuesta no afecta el trabajo de las encuestas y si bien tiene pocas posibilidades de prosperar, se recordará casi anecdóticamente por sus implicaciones, seguramente no deseadas (ni esperadas) por quienes la proponen, legisladores a quienes recomendamos leer el texto de la semana pasada.

En esta ocasión presento algunas reflexiones sobre la capacidad predictiva de los estudios demoscópicos.

1.- Decir que se pronostica con una encuesta es mentir, quien lo hace es un charlatán y no un encuestador, no importa si en el pasado ha tenido éxito haciendo pronósticos; aún no hay forma de adivinar el futuro y menos con un método que por definición se basa en probabilidades y que en la operación incluye opiniones que pueden cambiar entre la población.

2.- Si se levantan dos encuestas en el mismo momento, con el mismo personal, el mismo cuestionario y el mismo instrumento, la probabilidad de obtener los mismos resultados es cero; si una encuesta no puede replicar exactamente a otra idéntica, ¿cómo es que algunos esperan que pueda replicar la votación de otro momento por solamente un grupo de la población, con otro nivel de conocimiento y en condiciones distintas a las de una encuesta?

3.- Las buenas encuestas no están cerca del resultado final, eso tiene un componente azaroso (y en ocasiones requiere utilizar información exógena); las buenas encuestas son las que se hacen con un buen método y reportan el resultado como lo generan, así de simple.

4.- Cuando una encuesta se procesa ya está en el pasado, el resultado siempre es lo que opinaron y nunca lo que opinarán los ciudadanos. Ni faltando un año, ni una semana, ni así fuera un día, una encuesta adivina, su objetivo siempre será conocer la situación actual del total de los ciudadanos.

5.- Hay muchas razones para que una encuesta no pueda equipararse al resultado de una elección:

a) quienes votan no son todos los que mide una encuesta; b) tener una preferencia no es lo mismo que votar; la preferencia es una intención que requiere esfuerzos para convertirse en voto, el estímulo para convertir preferencia en voto no es el mismo para cada individuo; c) lo que los ciudadanos saben y lo que sienten hoy, seguramente no es lo mismo que sabrán y sentirán el día de la jornada; de eso se trata una campaña: de dar información y generar sentimientos, y d) las condiciones en las que se aplica una encuesta no son las mismas en la que se vota; en el primer caso la boleta se lleva a casa de los ciudadanos y se les aplica un cuestionario confidencial; en la segunda el ciudadano necesita trasladarse a una casilla, formarse y tomar su decisión.

6.- Saber con certeza quién ganará una elección y, más aun, con qué porcentajes lo hará no es materia de encuestas; quien quiera saber eso que consulte los horóscopos o a los astrólogos, porque los encuestadores miden otra cosa.

7.- En general, si una encuesta preelectoral coincide en forma precisa con el resultado de la elección, puede haber sido una buena o una mala encuesta pero tuvo un momento de buena suerte ; las encuestas son útiles (e interesantes) para hacer diagnósticos, no pronósticos.

8.- Cuando las encuestas tienen tantos atributos, cuando nos pueden servir para hacer diagnósticos y tomar decisiones estratégicas, cuando podemos hacer la crónica de los cambios en la forma de pensar del ciudadano, cuando podemos conocernos como sociedad, cuando son tan valiosas, ¿por qué querer evaluarlas con el único atributo que no tienen? ¿Por qué pedirles que hagan pronósticos, cuando es esa la advertencia que se debe hacer cuando se presentan resultados?

9.- Analizar una serie de encuestas nos permite conocer el camino que siguen las preferencias electorales pero no nos permite ver el final, al que llegará una parte de la población encuestada. Es como ver una película de misterio: nos puede entretener la trama y no por ello tenemos la certeza de cuál será el final.

10.- Extrañamente, muchos adivinadores pretenden hacer pronósticos utilizando encuestas; cuando los pronósticos no se cumplen no asumen su culpa y desvían la atención a las encuestas, acusándolas de fallar, raramente asumen su error. ¿Cómo hacerles entender qué son las encuestas? ¿No basta leer las advertencias en cada publicación?

11.- Es imposible clasificar con una encuesta quién irá o no a votar; entre más baja sea la participación, más ciudadanos medidos en la encuesta no participan en la elección, así que entre menos voten, más suerte requiere una encuesta para atinarle .

A pesar de todos los argumentos, muchos quieren ver a las encuestas como oráculos, eso se entiende incluso de analistas y periodistas que buscan ese enfoque, lo que no se entiende es que los políticos asuman esa posición, porque saben el valor de la estrategia, las movilizaciones y la estructura partidista, y algunos académicos que deberían estar más casados con la ciencia y menos con la especulación.

Los siguientes dos textos tratarán sobre la credibilidad de las encuestas y sobre las metodologías. Mientras tanto, seguiremos el desarrollo de la propuesta legislativa que pretende prohibir la difusión de encuestas (que se seguirán haciendo, por lo que no se les afecta) y de otras propuestas que seguramente se presentarán, incluso en el gremio de investigadores, que son quienes mejor conocen el uso y el abuso que se hace con estas investigaciones.