La expansión de redes nacionales de fibra óptica junto con el despliegue de tecnologías inalámbricas capaces de ofrecer conexiones superiores a los 10 Mbps está reconfigurando el consumo de telecomunicaciones por parte del usuario. Nos encontramos en un momento de transición, donde la interacción del teléfono celular pasa de estar en el oído del usuario a colocarse frente a sus ojos.

Este cambio de comportamiento se da a la gran popularidad de aplicaciones visuales que van desde sencillas plataformas de chat hasta contenidos audiovisuales que finalmente hacen realidad las numerosas promesas del mundo multipantalla. Mientras esto ocurre, la voz queda cada vez más relegada y lista para asumir su papel de valor agregado en un mundo cada vez más IP.

Una de las consecuencias de esta inevitable evolución es la obligatoria trasformación de los prestadores tradicionales de servicios de telecomunicaciones. En el pasado su rol era conectar y comunicar, en el presente su rol es presentar una variedad de oferta de contenidos y entretener. El riesgo para quienes no entiendan la importancia de esta transformación es quedar rezagado como simple tubería utilizada por terceros para ofrecer sus contenidos.

Luego de identificar el problema se puede entender algunas de las acciones tomadas alrededor del mundo por los operadores de telecomunicaciones. Las mismas van desde forjar alianzas con productores de contenido como Netflix hasta asegurarse el acceso a contenidos específicos por medio de la compra de productos específicos.

Entre todas las posibilidades de contenido, el futbol se presenta como producto idóneo por su maleabilidad. Dicho de forma más sencilla, es un producto que produce ingresos de diversas maneras: juegos, aplicaciones y contenidos audiovisuales nuevos, como también la posibilidad de acceder a archivos históricos digitales por medio de una membresía.

No obstante, para que un producto venda y sea atractivo, el mismo tiene que ser comercializado como algo necesario para el consumidor. En el caso de actividades deportivas, la necesidad de comercializar al deportista o equipo como uno de los líderes globales en su especialidad. En el futbol esto se traduce en exagerar las capacidades de las selecciones nacionales o clubes de la Concacaf en torneos internacionales.

Por ejemplo, sin entrar en detalles de logística de torneos como la concachampions o la Copa Oro, los finalistas de ambos torneos se venden como equipos capaces de competir de igual a igual ante cualquier otro equipo del mundo. Pero mientras se regalan ilusiones y se venden transmisiones, entrevistas y aplicaciones para el celular, los resultados del Mundial de Clubes muestran que de seis federaciones continentales, la Concacaf llega en quinto lugar superando sólo a Oceanía.

Tal vez sea porque la esperanza es una gran característica del ser humano o tengamos un nivel de masoquismo increíble. La rabia momentánea no es suficiente para continuar devorando contenidos sobre el futbol, para averiguar un poco más de la vida de los jugadores o simplemente personificarlos en tiempo real con amigos ubicados en distintas localidades.

Quiero aclarar que la importancia del futbol en las telecomunicaciones también se refleja en las ventas y contrataciones de servicios. Desde hace más de una década, se sabe que en los mercados donde un operador controla todos los derechos del futbol, los competidores comienzan a perder subscriptores interesados en poder ver a su equipo jugar. En otros países, se ha prohibido explícitamente no trasmitir los partidos en televisión abierta. Como pueden imaginar, las batallas legales bajo cualquiera de estos dos modelos son intensas. El acceso a Internet está transformando cómo accedemos a contenidos; los cambios en algo tan apasionante como el futbol ya se observan a simple vista.