Poco veo la tele. Ahora lo hago. España contra Italia. Le voy a España por alguna misteriosa razón que quizá se explica por la sangre. Como la mayoría de los mexicanos, tengo muchas sangres: de olmecas, polinesios, visigodos, teotihuacanos, aztecas, celtas, árabes, judíos..., etcétera.

No me he preocupado de averiguar porqué los nativos de aquí, incluso los aborígenes de rancia cepa, sean de Tlatlaya, de Chilón, de Las Lomas o de la Juan Polainas, nos llamamos Pancho, Pepe o Memo y con apellidos como Sánchez, Hernández, Pérez, Rosales y Guzmán, uno es El Chapo, entre otros igualmente castizos provenientes de Iberia.

Lo que me da grima, en medio de este relajo, es mirar la imagen de don Ernesto de la Peña, el más sabio y el más campechano de Anáhuac.

Se ha dejado una barba pequeña -en comparación con la tradicional, luenga- y está enflaquecido. Es de la gente que vale en serio. Agrandemos el orgullo de ser mexicanos por individuos como él, como León Portilla, rara avis en este mundillo nuestro de vanidosos, corruptos y politicastros.

Lástima que don Ernesto ya no esté con nosotros. Qué bueno que don Miguel sí.

Todo esto viene a cuento porque vi la tele. España ganó 4-0. ¡Aleluya! Debo decir que mi pasión por el futbol se reduce a uno que otro partido en el Mundial, en la Eurocopa o en las Olimpiadas.

Estoy en favor de los países latinos, nada de Alemania, Inglaterra o Eslovaquia, aunque ahora es moneda corriente que los equipos estén conformados por una comunidad de naciones, es Babel, nomás que todos hablan inglés.

Eso está bien, a pesar de la agresividad que flota en el aire de los estadios, como en México, con los narcos y los montajes de AMLO, como las matachinas cotidianas en Siria y en otros muchos lugares del mundo.

Es lo usual. Parece que, contra las visiones optimistas, la humanidad no tiene remedio, siempre entre los extremos: bondad y perversidad.

Empresas -todo el mundo que no es el oficial- y gobierno somos responsables de nuestros agudos problemas de congestión, hacinamiento, pobreza y marcada división de clases. También, lo de siempre.

Común es que los ciudadanos veamos los toros desde la barrera.

Es tiempo de que nos sintamos responsables, cada uno por parejo, de defender valores y atacar antivalores.

Atacar y defender, así, como sucede en el fut.

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