De acuerdo con El despertar de las megafusiones , de David Fernández (El País, 6 de diciembre del 2015), este año se han batido todos los récords en el mercado de M&A (fusiones y adquisiciones, por su sigla en inglés). Las operaciones anunciadas desde enero en todo el mundo suman 4.2 billones de dólares (3.97 billones de euros), según datos de Thomson Reuters, y superan la anterior plusmarca registrada en el 2007, justo antes del estallido de la gran recesión. Además de la profusión de movimientos, lo destacable del 2015 es que se están cerrando algunos de los tratos más voluminosos de la historia. Queda inaugurada por lo tanto la era de las megafusiones: Pfizer y Allergan; AB Inbev y SABMiller; Marriott y Starwood; Royal Dutch Shell y BG Group;Charter y Time Warner Cable, o Nokia y Alcatel son sólo algunos de los tratos más destacados.

Aunque hay concentraciones en casi todos los sectores, el negocio farmacéutico está siendo especialmente activo.

Otro de los motivos que podría estar detrás del auge de las operaciones de M&A es el llamado secular stagnation, es decir, la posibilidad de que estemos en una etapa larga de crecimientos económicos menores a la media histórica y tipos de interés bajos. En este entorno el tamaño se presume clave para lograr crecimiento en los beneficios.

La obsesión por el tamaño también tiene un componente humano: la ambición. En el tema del M&A hay un factor personal determinante. Si yo presido una empresa que vende 100,000 millones, soy más importante que si sólo vendo 50,000 millones. No hay que olvidar que los sueldos de los directivos varían en función del tamaño de la empresa, no de la rentabilidad de ésta , sugiere Miguel Ángel Ariño, profesor del IESE.

Otro punto para reflexionar es el impacto para el consumidor por la caída de la competencia. Hay muchos sectores en donde un número cada vez más reducido de jugadores controla una cuota de mercado cada vez mayor. Estos movimientos se hacen para eliminar competidores y si no hay la suficiente vigilancia pueden conllevar menor capacidad de elección, precios más altos y productos o servicios de peor calidad , indica Aurelio García del Barrio.

Según James Meadway, el nivel de vida no está subiendo: los salarios reales siguen bajo presión intensa, con los salarios no se puede seguir el ritmo de aumento de los precios.

En realidad depende de lo que se está comprando. Si usted está buscando un lugar para vivir, entonces es cierto que los niveles de vida han caído drásticamente. Si usted está haciendo compras para la comida, entonces sus salarios reales han aumentado a un ritmo decente.

¿La diferencia? La competencia. Mientras que muchos sectores de la economía siguen siendo lamentablemente no competitivos, y las grandes megafusiones del 2015 no han ayudado a ello, los supermercados han visto una explosión de la innovación que tanto necesita de las tiendas de descuento duro.

Es una competencia que ha ido empujando hacia abajo los precios, y el aumento de los niveles de vida de algunos países, como proveedores que intentan socavar uno al otro. Si queremos mejorar el nivel de vida, necesitamos más competencia, no agentes económicos dominantes resultado de todas estas megaconcentraciones con el visto bueno de las autoridades de competencia. Éstas se merecen un 5 en el 2015 .

*Máster y doctor en Derecho de la Competencia, profesor investigador de la UAEM y socio del área de competencia, protección de datos y consumidores del despacho Jalife& Caballero.