Llegamos al final de agosto con fuerte volatilidad y con un sabor de boca agridulce, ya que si bien es cierto que cerramos la semana pasada con impresionantes avances en los mercados accionarios, también es cierto que a los cambiarios, de deuda y de materias primas no les fue nada bien y, a lo largo de septiembre, las cosas se pueden complicar aún más.

Iniciamos el mes con un escalamiento de las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China, en donde el primero anunció que incrementaría los aranceles contra 300,000 millones de dólares de productos chinos en 10% adicional a partir de diciembre.

La respuesta no se hizo esperar y China anunció en la tercera semana de agosto la aplicación de aranceles a productos norteamericanos con un valor de 75,000 millones de dólares, a lo que Estados Unidos respondió adelantando la aplicación de aranceles al 1 de septiembre que tenía programada para el 15 de diciembre de este año.

Lo anterior sólo vino a abonar a la elevada probabilidad de veamos más pronto que tarde una fuerte desaceleración económica a nivel global.

En consecuencia, los inversionistas fueron a buscar refugio en activos seguros como es el caso de los bonos del Tesoro norteamericano, lo que provocó, en un momento dado, que el bono a 30 años se ubicara muy por debajo del de 10 años, es decir, que la curva de rendimientos estuviera invertida, hecho que generalmente se considera un buen predictor de una recesión que se avecina, lo que sin duda vino a generar mayor volatilidad en los mercados.

Derivado de lo anterior y en una decisión dividida, a mediados de agosto el Banco de México recortó su tasa de referencia por primera vez en cinco años en 25 puntos base para dejarla en 8%, citando que si bien es cierto que las presiones inflacionarias han venido cediendo, advirtió sobre los riesgos para nuestra economía derivados de un entorno de marcada incertidumbre global.

Esta misma incertidumbre provocó que el instituto central recortara sus previsiones de crecimiento para el PIB en este año y las ubicara en un rango entre 0.2 y 0.7% versus el estimado anterior de 0.8 a 1.8%, y para echarle más leña a la hoguera, la agencia calificadora Moody’s sacó también las tijeras para recortar la expectativa de crecimiento de nuestro país de 1.2 a 0.5 por ciento.

Los complicados panoramas global y local le pasaron la factura al peso, ya que a lo largo del mes de agosto, nuestra moneda perdió terreno frente al dólar en 5.55% y acumula ya una pérdida de 2.01% en lo que va del año al cerrar el viernes pasado en niveles de 20.05 pesos por dólar, tras haberse mantenido de enero a julio en terreno positivo.

Por su parte, y como ya les comentábamos, las bolsas tuvieron en contraste fuertes avances, donde el IPC en México tuvo su mejor semana de los últimos 10 años al haber avanzado 6.92% y acumular una magra ganancia en lo que va del año de apenas 2.36%, mientras que sus pares en Estados Unidos y Europa acumulan ganancias de dos dígitos ante declaraciones tanto de Estados Unidos como de China, que esperan pronto llegar a un acuerdo en la disputa comercial.

Esta historia ya la hemos visto muchas veces a lo largo del año y sabemos que un tuit puede volver a escalar las tensiones y derrumbar las bolsas.

Por lo pronto, en septiembre se espera que la Fed y el BCE puedan recortar sus tasas de referencia, mientras que diversos analistas consideran que el Banco de México podría bajar su tasa en dos ocasiones más, una tan pronto como este mismo mes, y la otra en diciembre.

A lo anterior habría que sumar la crisis constitucional que está viviendo el Reino Unido derivado del Brexit que podría culminar con una salida sin acuerdo tan pronto como el mes de octubre próximo con consecuencias para los mercados y la economía en general, difícilmente previsibles.

La fuerte volatilidad seguirá siendo la constante.

¿Ya tomaron coberturas?

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