“La Iniciativa Privada no quiere dejar de robar” arremetió López Obrador (AMLO) en un evento público la semana pasada. Continuó espetándoles a los empresarios que “ya basta, ya han robado mucho, han destruido al país, están desgraciando al pueblo, háganse a un ladito ya”. Finalizó acusando “que no quieren perder el privilegio de mandar porque no es sólo hacer negocios al amparo del poder público; se sienten los dueños de México, tienen confiscadas a las instituciones, tienen secuestrado al gobierno (...) son una minoría rapaz”. Este discurso tan radical se complementa con lo dicho por su “asesor estrella”, Paco Ignacio Taibo II, de que a esos empresarios hay que expropiarles sus empresas. / Si alguna duda quedaba, lo expresado por AMLO revela su auténtica ideología, ya sin máscaras. Al decir que se hagan a un lado, está a favor del modelo intervencionista y de rectoría estatal: sustituir a la Iniciativa Privada por la “guía benévola” del Estado. La retórica empleada denota la gran ignorancia que tiene sobre el papel del sector privado en una economía de mercado. Se quedó con una noción que ha de haber oído a medias en alguna clase de economía marxista: el empresario (el capitalista y terrateniente) explota (roba en el lenguaje de AMLO) al trabajador, apropiándose injustamente de su plusvalía al no pagarle lo que corresponde a su trabajo. Pero esa visión primitiva y simplista ya está ampliamente superada. Entre otros, el economista austríaco Schumpeter destacó la relevancia clave del empresario para el desarrollo económico. Mediante la innovación y el espíritu emprendedor, éstos invierten, crean empleos y generan valor agregado que se traduce en una mayor variedad de bienes y servicios para el consumo, lo que posibilita un mayor bienestar.

Por otro lado, lo señalado de que los empresarios hacen negocios al amparo del poder político es lo que se conoce como crony capitalism, cuya mejor traducción es el “capitalismo de cuates”. Es decir, el amiguismo entrelazado para generar extra rentas privadas para el empresario a cambio de un beneficio económico para el político. Para ello, confluyen un conjunto de arreglos, conflictos de interés y corruptelas. Sin duda en México ha habido “capitalismo de cuates”, pero esto no significa que todos los empresarios hayan actuado así. AMLO pudo haber dicho llanamente que no tolerará el “capitalismo de cuates”, y de seguro una gran mayoría hubiera estado de acuerdo.

En México sí hay empresarios con un enfoque de compromiso social en su forma de hacer negocios. Por ejemplo, invito al lector a documentarse sobre el modelo de desarrollo comunitario que aplican en los restaurantes Toks para su proveeduría. Hay muchos otros casos en el país.

Recordemos la campaña de AMLO en el 2006. En abril llevaba una ventaja cómoda en las encuestas pero al sentirse tan confiado comenzó su discurso virulento contra el empresariado. A partir de ahí inició su descenso.

Los señalamientos de AMLO nos deben preocupar. Pero cuando menos ya sabemos a qué atenernos si triunfa. Depende de cada quien si quiere darle su voto a esa visión.