El contagio no es un riesgo, es una realidad. La crisis de Grecia ha llegado con fuerza a la península ibérica. España y Portugal enfrentan una ola de especulación que golpea sus mercados bursátiles y aumenta el costo de su abultada deuda pública.

El reto es evitar que el fuego en un árbol se convierta en un incendio forestal.

El problema es que hay muchos factores que podrían lanzar la chispa voraz.

Los expertos mencionan tres: una emisión fallida de bonos de Grecia, Portugal, España, Irlanda o Italia; una señal de arrepentimiento de alguno de los países que ha anunciado apoyos para Grecia o el congelamiento del mercado interbancario europeo.

Podemos añadir un desbordamiento de las protestas en Grecia; un cambio abrupto en el mapa político de Alemania y un deterioro de la economía real en cualquiera de los llamados PIGS.

Estamos en una crisis de confianza en la capacidad de pago de la deuda pública. En el banquillo de los acusados están Portugal, España, Italia e Irlanda.

La baja en los ratings afecta su capacidad de pago, pero no la imposibilita.

El reto está en la reducción del gasto público y el reencuentro con la ruta del crecimiento económico. Para conseguirlo, necesitan que los mercados financieros se tranquilicen. Es el primer paso, pero costará mucho trabajo.