Bélgica frente a Inglaterra, una eventual final mundialista que al mismo tiempo representa una metáfora de la que surge una batalla entre Bruselas y el Brexit, las dos “ideologías” que han desplazado a las viejas coordenadas del pensamiento político. Del binomio izquierda/derecha, partidos políticos han deshuesado las ideologías para quedarse con su sistema nerviosos a flor de piel: integración/rechazo a la migración.

El Brexit se ha convertido en una bomba de destrucción lenta pero masiva. Su creador, David Cameron se encuentra sepultado en el panteón de la demagogia. Ahora, Theresa May se dedica a gestionar crisis antes de poder gobernar. De las batallas ortodoxas entre laboristas y tories, se les han unido dos grupos, los que están a favor de un Brexit suave y los rudos. Cuatro agrupaciones con las que debe negociar Theresa May, sin contar a la Unión Europea. Si agregamos las peticiones de la cabeza negociadora del equipo de la Unión Europea, Michel Barnier, la resultante produce una catástrofe que se puede cuantificar: a nueve meses de que ocurra el divorcio, aún no hay acuerdo entre las múltiples personalidades de una de las partes, Reino Unido. Falta la postura de la Unión Europea.

La ambigüedad es la peor ubicación elegida por May. Desea libre comercio en bienes industriales y agrícolas, pero no de servicios (en una economía en la cual precisamente 80% del PIB lo aportan los servicios); quiere unión aduanera para evitar el regreso de la frontera entre la república de Irlanda y Eire, pero al mismo tiempo desea regular el libre tránsito. Depender o no de los tribunales europeos es el dilema (para ella, no para quienes promovieron el Brexit).

Los elevados grados de integración comercial no son fáciles de destruir.

Por si los escenarios adversos faltaran en el radio de acción de May, la visita de Trump a Londres y la actuación de Inglaterra en el Mundial de Rusia le están generando incomodidades.

La alianza histórica de Estados Unidos con Reino Unido fue identificada por el general De Gaulle como la reactivación del caballo de Troya en la Unión Europea. Estados Unidos como vigía incómodo de Bruselas.

Sobre el Mundial, el sábado pasado, de haber ganado Rusia su partido contra Croacia, hubiéramos atestiguado el partido del morbo: Rusia frente a Inglaterra en semis. Sin embargo, Inglaterra se jugará mañana su pase a la final. ¿Viajará May a Moscú para presenciar el eventual partido? ¿Será el presidente de la FIFA quien se siente entre Putin y May?

May ve a Trump más cerca de Putin que de ella misma. Son demasiadas las diferencias entre Estados Unidos y Reino Unido. Son demasiadas las coincidencias entre Rusia y Estados Unidos. Son demasiadas las diferencias entre la OTAN y Estados Unidos. El silogismo es evidente: entre Putin y la OTAN, Trump elegirá al presidente ruso para hablar de geopolítica y a la OTAN para hablar de dinero.Por ello, el lunes, en Helsinki, veremos el apretón de manos entre Putin y Trump. La amistad entre ellos es inquebrantable porque siempre ha existido.

Por lo pronto, al Mundial le quedan tres vértices políticos: Bélgica, Inglaterra y Rusia. Sí, sólo las dos primeras juegan. Pero no olvidemos que Putin es el goleador.

Fausto Pretelin

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.