A Francia del XXI se le recordará por las profecías de Houellebecq y por la muerte de la política.

El Brexit llega a Francia de la mano de Marine Le Pen, y el fenómeno Trump llevará a la tribuna a los dos partidos ortodoxos (socialista y conservador) para que observen a lo lejos la segunda vuelta de las elecciones presidenciales: Le Pen contra Macron. El odio frente al outsider; el pasado frente a lo desconocido.

Existió alguna vez la izquierda y la derecha... En alguna ocasión la libertad, junto a la fraternidad y, sobre todo, la igualdad, iluminaron a Francia del oscurantismo... En el siglo pasado, el ministro de Exteriores Dominique de Villepin leyó un poema en contra de la guerra pirata en Irak... Todo es pasado hasta que Jean Marie Le Pen abofeteaba a sus enemigos en horario estelar.

Francia corre aceleradamente hacia el precipicio: el socialista Manuel Valls intentó llevar a cabo un operativo de marketing al despojar de la sigla del Partido Socialista la palabra socialista ; un lifting urgente para eliminar la grasa ideológica. Lo hizo Sarkozy al rebautizar como Los Republicanos al partido que lo llevó el poder. Nuevo paquete con la misma ideología. Vieja fórmula pero nuevos comerciales.

François Fillon disfrutó la victoria en las primarias de Los Republicanos pero en pocas semanas desapareció su sonrisa Colgate. La relación laboral de su esposa Penelope con el Senado sólo existió en un solo sentido: cobraba y cobraba miles de euros sin aportar contenidos. Al día siguiente, los franceses se enteraron que sus dos hijos también habían cobrado gracias a la marca Fillon. En medio del fétido lodazal, Fillon se resiste a renunciar a la candidatura. Pasó del primer lugar en las listas de intención de voto, dejando a Le Pen fundida en la segunda vuelta, al tercer sitio. Sí, lo increíble, el Partido Socialista de Hollande pasaría al segundo sitio. Hollande con su 8% de popularidad ya le había dado sepultura a su partido.

Emmanuel Macron saltó del barco en el momento oportuno. Especialista en inversiones financieras, trabajó en la Banca Rothschild. En el 2012 saltó hacia el Palacio del Elíseo para asesorar al presidente Hollande. En agosto del 2014 fue nombrado ministro de Economía para impulsar un plan liberal aplaudido por Bruselas. En noviembre del año pasado, le dijo adiós a Hollande para formar no un partido político (él mismo pide que se mencione), sino un movimiento: En Marche!

En efecto, Macron quiere poner en marcha a una Francia rezagada en productividad, empleo y ahora en política. Fue Angela Merkel quien impidió le fiesta a Hollande; el francés no logró controlar el timón de Bruselas. Fue la alemana quien subyugó a la banda de Varoufakis. Fue Grecia quien fisuró la estrategia política de Europa (pero Siria la que la mantiene estancada en el ámbito social).

Los franceses vieron con ingenuidad y hasta con ternura la ambición de Macron. A menos de 90 días de su renuncia, Macron ya está listo para asaltar el Palacio del Eliseo... En menos de 90 días.

Marine Le Pen corrió a los brazos de Trump, pero los asesores del entonces candidato electo le recomendaron no recibirla en su torre de oro. Sí lo hizo con Farage, el cínico británico que armó un alboroto a favor del Brexit y después de la victoria renunció a la presidencia del partido UKIP.

Bienvenidos pues a la Francia sin políticos.

@faustopretelin