Se consumó un gran fracaso para nuestro país en la Olimpiada de Tokio. Lugar 84 en el medallero con cuatro de bronce. Pero la realidad alterna nos quiso convencer que no hubo tal revés. Nos dijeron que muchos lograron “cuartos lugares” y lo ensalzaron como un triunfo; pero es la típica actitud conformista del “ya merito”. El mediocre desempeño de la delegación mexicana no se le debe atribuir a los atletas. Éstos se prepararon a conciencia, a pesar de la indiferencia oficial, la grilla política y la malentendida austeridad presupuestal.

La problemática del deporte mexicano comienza con una estructura organizativa deficiente con una falta de coordinación programática y presupuestal entre los tres organismos rectores del deporte que se manejan con una extrema politización. El principal es la CONADE (dirigida por Ana Gabriela Guevara). Creada en 1988, el gobierno federal la maneja con criterios políticos. Recibe recursos del Presupuesto Federal (2,677 millones de pesos en 2021) que han sido recortados en los años de la 4T. CONADE financia principalmente dos programas de atención deportiva.

Luego está el COM, fundado en 1923 (dirigido por Padilla Becerra desde 2012), que opera el CDOM. De patrocinios privados capta la mayoría de sus ingresos y la CONADE contribuye a sus gastos de operación y canaliza fondos para la participación de atletas en justas deportivas internacionales. El tercer organismo es la CODEME (presidida por J. Amado Aguilar Argüelles), que es una asociación civil fundada en 1933 y que funge como la entidad coordinadora de todas las federaciones nacionales de los distintos deportes que también son asociaciones civiles. La CODEME capta recursos de patrocinios, donativos y acciones (eventos). También recibe, en menor proporción, apoyos, estímulos y subsidios del gobierno federal. Es la primer responsable en seleccionar a los atletas que participarán en una Olimpiada.

Esta estructura tripartita hace que las políticas deportivas estén fragmentadas y descoordinadas. Además, diluye la rendición de cuentas. Lo más grave, evita una planeación no politizada de largo plazo. Se requiere un cambio de paradigma. Entre ellos, hay que aplicar el principio de la ventaja comparativa y promover a los atletas de las disciplinas que tienen mayor posibilidad de triunfo. En este momento, las que obtuvieron medallas y las velocistas de pista. No se necesita mandar una delegación de 161 atletas para participar en cada deporte. Las ventajas comparativas se van desplazando. Atrás han quedado el taekwondo y el boxeo, por ejemplo.

Por parte de los patrocinios privados, éstos deben estructurarse de una forma organizada y constante para no ser esporádica. Lo ideal, pero estamos muy lejos de ello, es como se hace en Estados Unidos a través de las universidades y la publicidad a gran escala por parte de empresas.

La negación y el conformismo para mantener el status quo después de Tokio 2020 es reflejo de la mediocridad de este gobierno, y como en nuestra economía, muestra la pérdida de productividad y competitividad.

Twitter: @frubli

Federico Rubli Kaiser

Economista

Revista IMEF

Economista egresado del ITAM. Cuenta con Maestría y estudios de doctorado en teoría y política monetaria, y finanzas y comercio internacionales. Columnista de El Economista. Ha sido asesor de la Junta de Gobierno del Banxico, Director de Vinculación Institucional, Director de Relaciones Externas y Coordinador de la Oficina del Gobernador, Gerente de Relaciones Externas, Gerente de Análisis Macrofinanciero, Subgerente de Análisis Macroeconómico, Subgerente de Economía Internacional y Analista.

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