Es evidente que nuestra economía se encuentra detenida a la espera de señales que permitan volver a crecer, y al mismo tiempo enfrenta riesgos. Dentro de las primeras se encuentra, desde luego, el Plan Nacional de Infraestructura, que dará a conocer el jefe de la Oficina de la Presidencia, Alfonso Romo, y el secretario de Hacienda y Crédito Público, Arturo Herrera, ante el presidente Andrés Manuel López Obrador la semana entrante; la aprobación del T-MEC en EU; y una ejecución del gasto público más rápida, son algunas de las señales que se aguardan para comenzar a activar la economía. Al mismo tiempo, se aprecian riesgos como el bajo crecimiento mundial, el desenlace de la guerra comercial y tecnológica entre China y EU, así como la disminución del crecimiento del sector industrial en la Unión Americana. En este contexto, la casa de Bolsa Bursamétrica advierte que el indicador IGAE para el mes de octubre puede estar 3 o 4% por debajo de 0 (cifras originales), lo que podría darnos un PIB para el IV Trim en crecimiento negativo. El Inegi, por su parte, nos dará a conocer el PIB del III Trim el 25 de noviembre con un número bajo.

No estamos ante una recesión, empero la economía requiere activarse a través de continuar con medidas para retomar la confianza y certidumbre del sector privado para detonar inversiones productivas tanto en grandes proyectos como mediante las pymes. Estamos ante la gran oportunidad de comenzar a generar un nuevo ambiente para la inversión, la creación de empleo y construir una nueva relación entre los empresarios y el gobierno mediante una comunicación sana y permanente para lograr juntos que las cosas sucedan. Se requiere un relanzamiento de la economía a partir de las sólidas bases que se han establecido.

En primer término, la decisión de mantener el combate frontal a la corrupción como punto de partida para la construcción de esta nueva relación entre el capital privado y sus autoridades. Si bien el combate a la corrupción no puede verse como el único elemento de la política económica, sí es indispensable para establecer una nueva relación entre los capitales y los actos de autoridad como principio ético de gobierno y la formación de políticas públicas encaminadas hacia la formación de mercados eficientes y competitivos. Así pues, la orientación hacia el restablecimiento de la moral pública es en efecto, una de las fortalezas más importantes que hoy tiene nuestra economía para intentar crecer en el futuro inmediato. Al final del día, es probable que los agentes económicos aprecien la falta de crecimiento de este año si se habrían establecido nuevas reglas del juego bajo la premisa de que la corrupción no será tolerada en adelante.

Una fortaleza más de nuestra economía es, sin duda, el sector externo. Para sorpresa de muchos, el primer gobierno de izquierda en México ha sido un ferviente promotor del libre comercio. Entendiendo la realidad del mundo, el presidente ha impulsado la ratificación del T-MEC. Al mismo tiempo, hay que considerar que seguramente hará lo mismo en el comercio con otras regiones como China, Europa y Sudamérica para hacer frente a la desaceleración económica global. El freno a la corrupción y mantener fuerte el sector exportador son dos de las principales fortalezas que este gobierno aporta en un entorno de disminución del crecimiento del mundo.

Carlos Alberto Martínez

Doctor en Desarrollo Económico y Derecho

AUCTORITAS

Profesor en la Universidad Panamericana, Ibero y TEC de Monterrey. Ha trabajado en el Banco de México, la Secretaria de Hacienda, la presidencia de la República y en Washington, DC. Actualmente estudia el doctorado en Filosofía con investigaciones en el campo de la ética y la economía. Autor de libros en historia económica, regulación financiera y políticas públicas