Calladitos no se ven más bonitos. Porque si han protestado, lamentablemente ni los veo ni los oigo. Les suprimieron los fondos llamados “piso” este 2017. Más de mil millones de pesos que se repartían entre las entidades federativas. Un lanal importantísimo para lo que cada secretaría, consejo o instituto cultural recibe de sus congresos y gobernadores. Además, les dieron baje en otros programas de tradición en los estados. La dosis se las repite el querido PEF del 2018. Un verdadero drama en tiempos de la dizque jubilada descentralización. Una fractura de graves repercusiones para las economías locales.

Los directivos de tanto organismo se han paseado estos meses por las oficinas del Reino de Arenal, en lugar de hacerse escuchar en la Conago o mediante algún pronunciamiento público. Entendible, ellas y ellos aplican la irrenunciable tesis priista: no dar patadas al pesebre.

Por eso les propongo, señoras, señores titulares de las carteras culturales, que rompan su silencio cómplice. Sean más líderes y menos subalternos. Hagan propuestas al Congreso de la Unión. Que sus legisladores sacrifiquen un porcentaje de sus ambiciones personales. Que los gobernadores aflojen la cartera. Es menester cortar el cordón umbilical que les ata a la Secretaría de Cultura. Intenten, por ejemplo, crear un Fondec, un Fondo para Desastres Culturales.

Una bolsa que se pueda aplicar cuando se presentan cataclismos. No sólo la naturaleza destruye sociedades. La dependencia de facultades y de subsidios, también. La legislación centralizada, perjudica mucho más, como lo demuestra la Ley General de Cultura. Basta ver en estas semanas a Oaxaca y Chiapas. Son espacios de nuestra geografía cuyas economías tienen en el sector cultural un componente fundamental.

En esos estados, la devastación no es sólo un asunto del INAH(udito), al cual –por cierto- habría que pedirle cuentas del Fideicomiso para el Fomento y la Conservación del Patrimonio Cultural, Antropológico, Arqueológico e Histórico de México –¡uff uff y recontra uff!- que al cierre fiscal de 2016 contaba con más de 500 millones de pesos.

También compromete la cacareada transversalidad de las políticas públicas. En Chiapas hay por lo menos cuatro asuntos en tal perspectiva. Primero, la urgencia de empleo temporal para la comunidad artística.

Segundo, un programa cultural fronterizo (como existió en los años 80 en la SEP). Tercero, la regulación del comercio ambulante en los alrededores del templo de Santo Domingo, en San Cristóbal de las Casas, lugar donde convive la inmundicia con el contrabando y la falsificación de textiles y de otras artesanías chafas de Centro, Sudamérica y Asia.

Eso, amén de la depredación de la ciudad “creativa” por la UNESCO, gracias al jugoso negocio del cambio de uso de suelo en el Centro Histórico. Y cuarto, que el “Güero” Velasco se acuerde un día que tiene un organismo llamado Coneculta.

La reconstrucción de Oaxaca debe ir más allá del sismo. A diferencia de Chiapas, tan atrasada en la caracterización de su sector cultural, la tierra de Vasconcelos tiene un estudio desarrollado en el Programa Sectorial de Cultura del anterior sexenio.

Una cartografía de la cual fui responsable, que si bien debe ser actualizada, brinda santo y seña para que un fondo para desastres estimule la economía cultural del estado. Además, el gobernador Murat creó el Instituto del Emprendedor y la Competitividad, cuya más inmediata acción tiene en la cultura y el turismo la puerta segura de mejoras.

Una labor para la cual cuenta a su vez con una Secretaría de las Culturas y Artes, con tres pesos, pero la tiene.

Directivos de cultura en los estados: si bien es un sueño guajiro que les restituyan los millones anuales de “piso”, den la pelea para que los legisladores les repongan una parte. ¿Cómo? Quitándole a los “etiquetados”, de los cuales los primeros beneficiados son sus clientelas. Y cuando se haga la reunión nacional de cultura, al menos hagan una pataleta.

Eduardo Cruz Vázquez

Periodista

En el paredón

Periodista, gestor cultural y exdiplomático, experto en economía cultural, formación de emprendedores culturales y gestores de diplomacia cultural