La noticia del momento en México en materia de economía es la reducción de la calificación crediticia a Pemex por la calificadora Fitch. Entre sus efectos perjudiciales, se suma a la obstrucción de las vías de comunicación en Michoacán por parte de la CNTE, que hasta el momento ha arrojado 251 trenes varados y 10,000 toneladas de carga atorada.

Pero visto el panorama con toda objetividad, esa decisión de Fitch no debe sorprender. Hay en Pemex muchos elementos que contribuyen a su debilitamiento. Entre ellos, y no por casualidad, las amenazas al gobierno corporativo, la poca credibilidad que despiertan las nuevas autoridades de la paraestatal y la incertidumbre con respecto a las alianzas estratégicas con el sector privado.

Y otro elemento que tampoco debe sorprender es que la decisión de Fitch no es un evento aislado. En términos generales, los saldos económicos del gobierno de AMLO, al menos hasta el momento, son muy inciertos y abren hacia adelante inmensas dudas. Esos saldos han estado determinados por acciones caprichosas y poco convincentes —como la cancelación del aeropuerto de la capital—, abortos vergonzosos y dañinos —como la fallida ley que intentó el senador Monreal para reducir las comisiones bancarias— y proyectos muy mal planeados e insuficientes —como la lucha contra el huachicol, que no ha traído, hasta ahora, una sola banda capturada, pero sí grandes pérdidas económicas.

En el momento de la cancelación del aeropuerto, las autoridades del gobierno de AMLO reaccionaron como si la pifia no fuera a causar daños y costos. Y esa actitud se ha repetido con todas las pifias posteriores. Pero el enfoque es obviamente equivocado. Como en el beisbol, en política los errores se anotan y quedan en la pizarra.

Así, no debería ser causa de sorpresa que esa cadena de fracasos y de falta de efectividad haya tenido su impacto desfavorable sobre las perspectivas de crecimiento para la economía mexicana. Al menos para los años 2019 y 2020, ya fuentes autorizadas como el Fondo Monetario Internacional han reducido de manera importante sus pronósticos de crecimiento económico para México. Es cierto que, en parte, esas reacciones se explican por factores externos como un menor crecimiento en las potencias Estados Unidos y China. Pero también hay que destacar, de manera insalvable, el efecto de los problemas internos y la escasa confiabilidad que ya despiertan las autoridades del nuevo gobierno y sus decisiones precipitadas.

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Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico