La política auténtica sigue las huellas del zorro .

Wong Li

Las campañas se fisuran por la tensión entre lo veloz y lo pesado. Se fisuran por este estrés, se resquebrajan, van en la disyunción del conflicto y, en última instancia, de lo irresoluble.

Velocidad, en principio, de todas las energías, de lo virtual. Los medios electrónicos, las redes sociales, los cuerpos en la inminencia, el lenguaje que convoca, el pensar.

El primer debate entre candidatos a la Presidencia atrajo a ¿15 millones de televidentes? Evidentemente, no hay Zócalo en el mundo que dé cabida a esa multitud plural y de configuraciones múltiples. Por eso, decir que la televisión hace presidentes tiene que referirse a la predominancia cada vez más amplia de la virtualidad, de la imagen y, sobre todo, de la circulación y recirculación de energías distintas y dispares.

Eso se confirma con el rating de algunos programas televisivos.

Las redes sociales todavía son marginales en la campaña. Pero, su tendencia indica una potencialidad casi sin límites, en cuanto a la apertura de vías para incidir en la formación de agendas. Y recuérdese: el que tiene la agenda tiene la iniciativa.

Poca atención se presta, por el momento, a los afectos, pasiones y pulsiones de los cuerpos.

En esta perspectiva habría que ubicar la figura de Javier Sicilia, quien con respeto hizo hablar el dolor de madres y padres que han perdido a sus hijos en un secuestro o que, trágicamente, han desaparecido. En efecto, sólo le quedaba la voz indignada, pero serena.

El lenguaje resuena en el campo de la virtualidad por su carácter irreductible. Y el pensar se convierte en la punta más afilada de la estrategia de vivir y sobrevivir. De ahí el axioma que no se debería olvidar: la gente piensa.

La potencia virtual, veloz, atraviesa lo pesado, lo lento, lo cargante. Pesadez y dureza, en su máxima sin-forma, producen violencia. Esas sombras no dan tregua.

La democracia es sólo un puente frágil para atravesar este abismo. Siempre es una democracia amenazada. El discurso que opta por el ruido y deja de lado la convocatoria va en la misma lentitud. Eso sucede con las campañas negras o negativas que ahí se hunden y les falta la energía necesaria para dar el salto creativo. Los mítines se organizan en la pesadez. Aun si parecen inevitables están condenados a desaparecer. Se verá en la campaña del 2018.