El acuerdo para evitar el precipicio fiscal, mal arreglo y buen pleito. Tendrá consecuencias: no será bueno?para la economía y complicará el acuerdo migratorio.

El que piense que la política mexicana tiene un campeonato mundial en improductividad podría cambiar de opinión al mirar la política estadounidense. El Congreso entrega un acuerdo de último momento que es al mismo tiempo un mal arreglo y un buen pleito.

Es un mal arreglo porque es contrario al crecimiento económico. El aumento de 2% en los impuestos a la nómina tendrá un efecto negativo en la creación de empleo y en el PIB. Anticipamos una desaceleración de la economía, como consecuencia de las medidas fiscales , dijeron los economistas de Nomura. Este bajón podría ser de hasta dos puntos del PIB, según Bradford DeLong, el investigador de Berkeley.

Los demócratas y el presidente Obama pueden jactarse de haber conseguido la primer alza de impuestos a los más ricos en las últimas dos décadas. El gobierno federal podrá ingresar alrededor de 300,000 millones de dólares más por año. Los republicanos perdieron al aceptar estos aumentos de impuestos, pero se quedan con una deuda política por cobrar. La oportunidad de revancha vendrá pronto para ellos.

El siguiente round entre republicanos y demócratas vendrá a finales de febrero, cuando llegue el plazo para revisar el techo de la deuda.

El Ejecutivo estadounidense tiene autorización legislativa para endeudarse hasta por 16.4 billones de dólares. Necesita ampliar ese techo porque éste ya fue rebasado el 31 de diciembre, de acuerdo con Timothy Geithner, secretario del Tesoro.

Nuestros vecinos del norte deben el equivalente a 105% de su PIB. A cada ciudadano le corresponde una parte proporcional de 52,128 dólares.

Por cada contribuyente son 145,619 dólares.

El gobierno de Obama podrá hacer algunos trucos para maniobrar con el límite de la deuda rebasado, pero estas maniobras sólo le alcanzan para un par de meses como máximo. Antes de que termine febrero, deberá sentarse a la mesa con la oposición. Los republicanos, que tienen mayoría en la Cámara de Representantes, podrán usar las negociaciones del nuevo techo de la deuda para lograr lo que no consiguieron con el precipicio fiscal. En la mira de los más conservadores está el forzar recortes en el presupuesto de seguridad social y en particular en el Medicare.

Una vez que se llegue a un acuerdo respecto del techo de la deuda, vendrá una nueva batalla política a fines de marzo. En esas fechas se deberá negociar el presupuesto de decenas de oficinas gubernamentales. Los republicanos podrían forzar el recorte del gasto e inversión en muchas de las agencias públicas, en particular las encargadas de implementar la regulación en temas a los que ellos se oponen: medio ambiente, por ejemplo.

El problema para el gobierno de Barack Obama con estos retos legislativos es que le consumirán la mayor parte de sus energías y capital político durante el primer semestre del año. Le quitarán momentum a dos iniciativas que él ha anticipado que definirán su segundo periodo en la Presidencia: la reforma migratoria y el relanzamiento de su política en materia de acciones en contra del cambio climático.

Más allá de eso, la batalla entre republicanos y demócratas hará más complicado el impulsar una agenda unívoca de crecimiento económico en Estados Unidos. En momentos en los que el planeta espera una capacidad resolutiva de primer mundo en Washington, a nuestros vecinos les da por actuar como si fueran parte del nuevo tercer mundo. Ésta es la nueva normalidad.

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