La incapacidad del gobierno brasileño de sostener su palabra en los términos del compromiso inicial del Acuerdo de Complementación Económica (ACE) 55 (comercio automotriz) firmado con México, plantea dudas sobre la conveniencia de establecer acuerdos con un país que no respeta sus compromisos.

El incumplimiento es una mala noticia para Brasil, para México y de manera particular para América Latina. La posibilidad de concertar un Tratado de Libre Comercio (TLC) entre las dos economías más grandes de la región traería beneficios para todos los países.

La decisión brasileña aleja la posibilidad de una discusión seria y responsable sobre el TLC que beneficiaría a Brasil, a México y al conjunto de la región. El incumplimiento de la palabra empeñada da la razón a los empresarios mexicanos que se niegan a la posibilidad de concertar un TLC entre los dos países.

El gobierno brasileño no se ha podido sostener como un actor global en la competencia propia del comercio internacional, sino como uno que se refugia, cuando no es capaz de competir, en medidas proteccionistas que pretenden esconder su falta de productividad, que desde ya le está haciendo daño.

La falta de seriedad brasileña de cumplir un acuerdo, violenta también su compromiso en el G-20 de no adoptar medidas proteccionistas, no debe provocar que México deje de lado la posibilidad de establecer un TLC con Brasil. Las autoridades mexicanas tienen que seguir insistiendo en esa posibilidad.

El comercio bilateral creció 400% en los últimos 10 años, al pasar de 2,500 millones de dólares a 9,500 millones de dólares en el 2011.

El déficit en esos años fue para México, que entendió que debía pagar un costo por entrar a ese mercado y elevar sus niveles de competitividad.

En el 2011, el déficit de la balanza comercial fue para Brasil, con sólo 330 millones de dólares, cuando para México en el 2006 alcanzó los 4,400 millones de dólares, el año más alto. En el 2011, el comercio automotriz arrojó un superávit para México de 1,800 millones de dólares, pero se compensó con la compra en otras áreas.

La relación comercial entre los dos países no debe verse a partir de este lamentable hecho, sino de las posibilidades que ofrece la interacción creciente de estas dos grandes economías, que juntas suman ya unos 3 billones 400,000 millones de dólares. Su asociación daría un nuevo impulso a América Latina.

Si los brasileños por razones coyunturales –su déficit automotriz se origina en problemas de competitividad que debe resolver– se desdicen de un acuerdo, la posición del gobierno mexicano debe ser ver al futuro y seguir insistiendo en su intención de llegar a la firma de un TLC. La visión de México debe ser amplia y de largo plazo.

El secretario de Economía de México, Bruno Ferrari, ha dicho, tiene razón, que ahora no están dadas las condiciones para discutir la posibilidad de un acuerdo comercial entre las dos economías más grandes de la región, que juntas representan 70 % de la misma. Es, sin duda, un tema prioritario que debe asumir el próximo gobierno.

Twitter: @RubenAguilar