Un Ferrari que no tiene huevos , rezaba la cabeza de aquel editorial. Aunque en el sentido machista el secretario Ferrari estuviera dotado de muchos blanquillos, no hubiera podido impedir la reciente elevación de los precios del huevo ni tampoco garantizar, coyunturalmente, su abaratamiento. No es el secretario Ferrari quien produce el huevo; tampoco el agente económico que se encuentra en posibilidad de aumentar, en forma directa, la oferta y por esa vía hacer descender los precios del producto.

El precio del huevo aumentó porque atacó a las gallinas una enfermedad animal: la influenza aviar . Esa enfermedad hizo que se redujera la producción. El peligro de un contagio más amplio abrió la posibilidad de una contracción mayor de la oferta. Con una producción menor, los precios de un producto tienden a subir.

El secretario Ferrari y sus colaboradores, por más valentía que tuvieran (léase, huevos), no podían anticipar la aparición de la influenza aviar ni tampoco la reducción de la oferta que causó.

El impulso alcista ha resultado claramente exacerbado por la reacción de los productores e intermediarios. Al suponer esos agentes que se avecinaba una espiral alcista para el precio del huevo, recurrieron a prácticas especulativas: a esconder el producto para esperar precios más altos. En el mercado, esta reacción se concretó en una reducción adicional de la oferta, intensificando el encarecimiento.

La reacción de las autoridades ha sido la adecuada en estos casos: permitir las importaciones sin aranceles de huevo para, por esa vía, ampliar la oferta y así inducir la reducción de los precios.

¿Por qué el efecto abaratador no ha sido más rápido y efectivo? La realización de importaciones lleva tiempo y, además, siempre existen imperfecciones en el mercado que dificultan la llegada de los bienes hasta el consumidor final. Se tienen, así, en el escenario las reacciones de los productores y de las autoridades. ¿Y el tercero en discordia, que es el consumidor, por qué no ha reaccionado? Ya debería haberlo hecho, pero la falta de cultura económica de las familias es lamentable.

Si algún bien o servicio se ha puesto excesivamente caro, el consumidor debe buscar reducir su compra. En esta coyuntura de encarecimiento, las familias deberían de buscar su sustitución temporal por otro alimento.

Esta conducta no es imposible, sobre todo considerando que se trata de una crisis transitoria: ¡Volverá a haber huevo en abundancia, algún día!

bdonatello@eleconomista.com.mx