Aunque en la dirección correcta, las medidas contracíclicas anunciadas serán claramente insuficientes para modificar la recesión en su tendencia fundamental. Serán apenas un paliativo incompleto.

La noticia del día es la puesta en marcha de la fase 2 de reacción por el coronavirus en México. Desde una perspectiva sanitaria, esta fase corresponde a que el proceso de contagio de la enfermedad ha empezado a ser fundamentalmente interno, por tanto, se requiere intensificar las medidas de aislamiento entre la población. Desde el ángulo de la estrategia económica, la fase conlleva la aplicación de medidas para contrarrestar la recesión causada por la pandemia y la caída del petróleo.

Según el presidente Andrés Manuel López Obrador, se habilitará una partida presupuestal adicional de 400,000 millones de pesos para esta finalidad y esos fondos se aplicarán en su mayor proporción a diversos programas de salud. En el frente puramente económico, se otorgarán créditos para 1 millón de negocios pequeños.

Lo primero que cabe destacar es la tardanza del gobierno en anunciar ésas y otras medidas, cuando otros países en situación menos grave, como Alemania, ya las habían acordado. Lo segundo es que, aunque en la dirección correcta, esas medidas serán claramente insuficientes para contrarrestar la recesión en su tendencia fundamental. La verdad es que serán apenas un paliativo superficial e incompleto. En sentido contrario, el reciente caso de la cancelación de la cervecería en Mexicali que tanto malestar ha despertado entre los empresarios.

Los daños por la recesión incidirán sobre la mayoría de los negocios y agentes económicos, aunque como es inevitable hay algunos ganadores. Sobresalen las cadenas de farmacias y quizá también los supermercados. Al respecto, sorprende que por parte de esos ramos no haya habido anuncios como los de Carlos Slim de que donará 1,000 millones para equipo médico y de que en sus empresas se mantendrá el empleo durante la emergencia y no habrá un solo despido entre los trabajadores.

Al conocer el panorama general de las medidas contracíclicas acordadas por el gobierno, por el sector privado y por la banca central, advierto el caso de segmentos muy vulnerables de la población que han quedado sin protección alguna, olvidados en el río revuelto. Pienso, por ejemplo, en los meseros y meseras de restaurantes y los estacionadores de automóviles, trabajadores que subsisten principalmente de las propinas que reciben por sus servicios.

Por último, las evidencias palmarias de que la 4T no está dispuesta en lo más mínimo a modificar su línea de acción principal: ni la más superficial modificación al aeropuerto de Santa Lucía ni a la refinería en Dos Bocas ni al Tren Maya.

Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico