América Latina está atrapada en una encrucijada muy peligrosa. La mezcla perversa de pobreza, desigualdad, ignorancia, corrupción y violencia que muchos políticos populistas se empeñan en preservar y perpetuar para avanzar una agenda contra las libertades y la democracia nos está conduciendo a un punto de quiebre.

El cinismo de la mayoría de los políticos no tiene límites, pues se reparten el pastel dentro de un juego perverso diseñado y dominado por ellos ofreciendo migajas a los ciudadanos.

El socialismo del siglo XXI, concebido por el dictador Fidel Castro y financiado y promovido por Chávez y Lula, ha destruido las instituciones democráticas en muchos países latinoamericanos provocando, después de años de flagelo social y desastre económico, que gobiernos más sensatos sustituyan esta ideología fracasada.

El problema es que toma mucho tiempo reconstruir lo que han destruido durante años. Las personas, deseosas de resultados inmediatos, lejos de dar oportunidad y tiempo para generar los cambios necesarios y de comprometerse a ser parte de la solución, suelen elegir volver a ese pasado fracasado a cambio de espejismos.

¿Cómo es posible que, habiendo experimentado el fracaso quieran volver a él? Pareciera que en América Latina muchos ciudadanos se enamoran de sus verdugos. Una de las razones por las que el péndulo regresa al peor escenario es porque no existen nuevas alternativas. El vacío de liderazgo acompañado por la falta de opciones provocan una confusión que desemboca en abrazar las regresiones.

Muchos de los malos gobiernos no estarían, o no volverían, si hubiera nuevos liderazgos, si nuestra generación estuviera más comprometida, más formada, más consciente y fuera más responsable. América Latina necesita líderes fuertes, creativos, empáticos, conscientes de los desafíos que enfrenta la libertad y dispuestos a reimaginar la manera de hacer política y gobierno.

La experiencia nos enseña que, aunque haya líderes encabezando gobiernos buenos o medianamente buenos, impulsores de reformas sociales, económicas y políticas a favor de la libertad, ya no es suficiente.

No hay garantía de que los ciudadanos se sientan satisfechos cuando a todas luces, el ego y la soberbia de quienes gobiernan los desconectan de la realidad porque se niegan a ver, escuchar y sentir lo que vive y sufre la mayoría de sus compatriotas.

No importa que tengan buenas ideas o intenciones nobles, la soberbia los acaba y aniquila la esperanza conforme se convierten en aquello que tanto criticaban.

Es hora de llenar ese vacío de liderazgo para evitar que lo sigan llenando aquellos que nos han arruinado y empujado a esta encrucijada. Es momento de repensarlo todo.

Twitter: @armando_regil

Armando Regil Velasco

Licenciado en Negocios Internacionales

Ágora 2.0

Licenciado en Negocios Internacionales graduado con mención honorífica por el Tec de Monterrey. Estudió Economía y Políticas Públicas en Georgetown University. Cuenta con diversos diplomados de institutos como: la University of International Business and Economics de Beijing.