La primera pregunta que nos hacemos todos cuando vemos el rostro de la actriz que hace el papel de Anne Montgomery en la nueva serie de Netflix, What/If, es si la conocemos de algún otro lado. La segunda pregunta es qué diablos le pasó a Renée Zellweger en la cara. La tercera y más pertinente es qué le pasó a la actriz de Bridget Jones, Jerry Maguire, Cold Mountain y Chicago. Cómo es posible que Zellweger que siempre logró proyectar las emociones y los conflictos de sus personajes en forma tan eficaz, se haya convertido en esta villana de telenovela de las 2 de la tarde.

What/If cuenta la historia de Lisa Donovan (Jane Levy), una joven científica idealista que lucha por sacar adelante un startup con tecnología de punta genética que revolucionará el tratamiento de enfermedades dolorosas y complicadas, pues remediar el dolor humano es su misión vital. O sea, es una santa. El escenario es, por supuesto, San Francisco, ciudad ideal para hablar de startups tecnológicas, exitosas o en aprietos. La verdad es que Lisa está quebrada y su empresa está a punto de hundirse si no consigue que algún inversionista apueste por su misión, su tecnología o por ella. Pero a Lisa no se le da hablar en público, y cuando habla con millonarios se pone nerviosa.

Entra a escena la malvadísima (dedo meñique en la comisura de la boca a la Dr. Evil) Anne Montgomery (Zellweger), una empresaria despiadada, promiscua y manipuladora que le ofrece a Lisa resol-ver sus problemas económicos, si...uhm...le presta a su prometido una noche.

La premisa era francamente idiota cuando Robert Redford se la hizo a Demi Moore y Woody Harrelson en 1993 (con Adrian Lyne adaptando mal la novela de Jack Engelhard). Pero el John Gage de Redford sólo quería tener sexo con Demi Moore (una idea con la que muchos espectadores simpatizaban en aquella década) y podía darse el lujo de pagarle bien. En su momento, Lyne quería que en cada cena de Norteamérica flotara la pregunta “¿prostituirías a tu esposa por 1 millón de dólares?”. No funcionó.

Volvamos a tiempo presente, después de un cuarto de siglo de evolución humana, y nos encontramos con que los creadores de What/If aspiran a que uno se pregunte... lo mismo.

La sociedad, sin embargo, ha cambiado, y también los caprichos de los millonarios. Ya para el final del primer episodio de What/If es evidente que Anne no se está valiendo de su fortuna para satisfacer un antojo lujurioso, sino que tiene planes más siniestros.

Por supuesto, Lisa se arrepiente y quiere cancelarlo todo en nombre del amor... pero es demasiado tarde... su decisión lo arruinó todo. Si esto suena ridículo y melodramático es porque lo es. No hay un ápice de inteligencia en nuestra científica idealista, su novio cantinero/paramédico, o en los otros personajes secundarios y subtramas dramáticas (aún más anodinos e irritantes). Por supuesto que muchos de ellos tienen secretos tormentosos, ése no es el problema.

Para Netflix, What/If iba a ser una serie antológica que en cada temporada contaría los efectos vitales y devastadores de una decisión. Una especie de cruce entre Black Mirror, La dimensión desconocida y Mujer, casos de la vida real. El problema de What/If no está en la idea, sino en su ejecución.

Resulta muy interesante descubrir los efectos insospechados de una decisión a lo largo del tiempo (aunque eso lo conocemos como vida). Especular sobre lo que podrá suceder es interesante si no sabemos desde el minuto uno cuáles serán esos efectos. Es obvio que lo que parece bueno no resultará bueno y Lisa y Anne salvarán al mundo del dolor y la pobreza. What/If pretende explorar otras posibilidades pero en realidad sólo hay una que tiene sentido “dramático”.

Muchas de las historias de esa variante de género negro, de los problemas en que nos metemos, no por nuestras buenas intenciones, sino por nuestra incapacidad para evitar sucumbir a nuestros peores impulsos. Desde Double Indemnity (Billy Wilder, 1944) al Cartero siempre llama dos veces (donde David Mamet adapta una de las versiones de la novela de James M. Cain), los héroes sucumben a la ambición o al deseo y se autodestruyen para regocijo del público.

En What/If, Lisa es toda bondad, buenas intenciones y amor. Y Anne guarda resentimiento y tiene un plan malévolo y es toda manipulación. En juego está la empresa de Lisa, su sueño, el amor de su vida, sus amigos, la casa de sus padres, los enfermos, etcétera. Entendemos muy bien: los creadores de What/If nos hacen preguntas inverosímiles y luego proponen falsas disyuntivas. Lo suyo no son las sutilezas. La única pregunta que debe hacerse el espectador es: ¿y si mejor veo otra cosa?

@rgarciamainou

RicardoGarcía Mainou

Escritor

Las horas perdidas

Estudió Ciencias de la Comunicación con especialidad en Radio y Televisión Educativa en la Universidad de las Américas Puebla.

Ha escrito, editado, traducido y diseñado para diversas publicaciones literarias, periodísticas y especializadas: locales y nacionales (Libros de México, Revuelta, De viaje, Cinéfila, La masacre de Cholula, etc.).