El día jueves fracasó la intentona de secar a los partidos políticos de recursos. Más allá de si los partidos gastan o no gastan mucho dinero. (Siempre la dictadura es más barata). Más allá de si la representación que ostentan se ha ido quedando vacía. Habida cuenta de que la democracia mexicana ha crecido y se ha ampliado sin demócratas, que la fortalezcan y se comprometan con ella. Lo peor que pudo haber pasado para contener los ánimos presidenciales de dominación absoluta del espacio político y de poder en México era haber acabado con la actividad política de los partidos y de sus militantes.

La desproporción de lo dado a Morena a pesar de reducir al 50% su presupuesto hubiera colocado de cara a la elección del 2021 en condiciones de franca inanición a las demás fuerzas políticas.

En la mente de AMLO y de su partido, política no es negociación, pluralidad o respeto a las minorías. Es en palabras muy sencillas el aplastamiento del contrario y la concreción de un proyecto que nadie conoce, que nadie puede evaluar y que nadie puede comparar con nada.

El pragmatismo del capricho se ha vuelto la piedra de toque del Presidente y de las decisiones que toma, siempre pensando en cómo satisfacer al respetable público que lo llena de elogios.

Celebro que la Cámara de diputados allá reaccionado con el mínimo sentido de sobrevivencia para con los partidos que los diputados representan.

De otra manera la definición del espacio público y del poder pertenecerían de facto a una sola persona. Las consecuencias las conocemos. Si ya es frágil la democracia mexicana, que el presidente sea la única figura política sería lamentable y peligroso para el ejercicio democrático e institucional del poder.

De esta nos salvamos. Quien sabe qué más esté fraguando el Ejecutivo en su ánimo de dominación absoluta, del espacio de poder.

Miguel González Compeán

Abogado, politólogo y economista

Columna invitada

Ensayista e interesado en temas legales y de justicia. actualmente profesor de la facultad de derecho de la UNAM.