Uno de los graves problemas de las economías que no crecen o que crecen muy poco es la escasa generación de ahorro, el cual no es suficiente para poder darle al sistema financiero la posibilidad de hacer llegar los recursos de los agentes superavitarios a los deficitarios; esto es, realizar su papel de intermediación.

Cuando esto funciona, no existen pretextos para detener proyectos de inversión con una buena perspectiva de rentabilidad, debido a escasez de recursos; se promueve el crecimiento, las tasas se mantienen razonablemente bajas, hay generación de empleos, recursos para el sistema de seguridad social y el gobierno dispone de ingresos fiscales para sus proyectos.

En México nunca nos hemos caracterizado por tener una tasa de ahorro elevada, a lo que se suma una gran informalidad, baja penetración del sistema financiero y elevada evasión fiscal, incluyendo cuotas de seguridad social; en suma, la banca sólo presta a unos cuantos, caro y poco. No hay crecimiento, empleo, salarios, ni desarrollo.

Durante una época se ensayó eso de usar las reservas bancarias privadas para que la banca de desarrollo compitiera en condiciones preferenciales y diera crédito a usuarios sin acceso y así nos fue.

La banca de desarrollo sigue existiendo porque somos necios, cuando lo más racional es que ya le hubiéramos dado sana sepultura. En fin, luego del jolgorio derivado del efecto tequila, el rescate, contra rescate, venta, requisición y reventa de la banca, estamos poco peor que a principios del desarrollo estabilizador; con una penetración financiera, medida como el crédito, como proporción del PIB, para dar vergüenza.

Afortunadamente, a alguien que despacha en DC se le ocurrió la idea de individualizar y privatizar los ahorros para el retiro. Ha funcionado tan bien, que con todo y las bananeras condiciones de nuestra economía, sus recursos alcanzaron los 2 millones de millones.

La mala noticia ahora es que nuestro mercado financiero es tan limitado, la escasez de proyectos productivos tan apremiante y la voracidad de algunos tan desmedida, que la autoridad sobreprotege los recursos, lo cual está bien, y ante tanto vaivén del mercado financiero no es posible encontrar opciones para cubrir el rendimiento de los fondos.

La situación será pasajera, aunque ha faltado ingenio a los interesados para explicar a los ahorradores y en el colmo, si es que podemos llamarlo así, ahora un gran banco, de los más grandes en el país, acaba de anunciar que llevará los recursos a otros países.

En pocas palabras, ¡vamos a ser exportadores de bienestar! Sólo nos faltaba ver eso en estos tiempos, en que hasta la mota pasará a ser legal.

Si un país tiene fila de espera para financiar proyectos de inversión por falta de recursos hace una propuesta y se puede llevar algunos millones; lo mismo otro que requiera apoyar la bursatilización de nuevas empresas o construir varios hospitales.

Como el chinito, al parecer nos quedaremos milando y, como dijo alguno muy famoso, flojitos y coopelando.

Veremos como llega el final.

mrodarte@eleconomista.com.mx