La industria mexicana de carne de bovino tuvo en los últimos años crecimientos admirables en sus exportaciones. En el 2010 duplicó el volumen del año anterior, alcanzando 72,000 toneladas. Para septiembre del 2011 se había superado la cifra del 2010.

Hasta el 2003 las exportaciones de esos productos eran pocas (3,000 toneladas en ese año), pero ocurrieron casos de enfermedad de las vacas locas (EEB) en Canadá y Estados Unidos (EU) que cerraron las puertas a sus exportaciones, dejando insatisfecha la demanda en sus países compradores. Nuestro nivel sanitario y desarrollo de la red permitió a empresas mexicanas con altos estándares aprovechar la oportunidad incursionando al mercado japonés.

Desde entonces, se mantiene la expansión de nuestras ventas internacionales en cantidad y a más países. Nuestro comprador principal es EU, donde vendemos primordialmente carne refrigerada, que tiene mayor valor unitario que la congelada, pues la cercanía lo facilita.

Para ese país, que es el principal productor y consumidor mundial, el volumen que vendemos es aún pequeño, pero ha persistido y crecido año con año.

Adicionalmente, en Asia se participa en el abastecimiento a Japón y, en menor cantidad, a Corea del Sur. Asimismo, en el 2010 y el 2011 crecieron de manera sobresaliente las ventas a Rusia, otro de los grandes países importadores.

La tendencia de crecimiento actual de las ventas es muy importante debido a que alivia la presión para reducir el precio del producto, situación que resulta problemática en tiempos de precios elevados de granos forrajeros y otros insumos. Por otra parte, la diversidad de mercados permite elegir el mejor destino para cada corte, aumentando así el valor de la producción. Finalmente, incrementar la escala y sofisticación de la industria permite una mayor competitividad, que cerraría un círculo virtuoso de crecimiento y mejoría.

Desde hace ya mucho tiempo se tiene un vínculo con el mercado de EU en la venta de becerros para engorda. Sin embargo, debe notarse que mientras la exportación de carne se ubica en 400 millones de dólares, también se venden al exterior 600 millones de dólares por becerros. Así, es preciso reconocer que el productor mexicano obtendría mayor valor y generaría más empleos al engordar esos becerros en territorio nacional, exportando o vendiendo carne en lugar de animales.

Hace sólo unos años, casi nadie preveía el avance actual en el mercado de esta red de valor, considerando las fuerzas competitivas de los grandes países exportadores. Ahora podemos intentar logros mayores. Tenemos que lograr, por ejemplo, una mayor integración de los criadores de becerros en la cadena productiva, con sistemas competitivos y sostenibles.

*Luis Fernando Iruegas Evaristo es especialista de la Subdirección de Evaluación Sectorial en FIRA. La opinión es responsabilidad del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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