La semana pasada, el Inegi publicó el dato de inflación que resultó ser sorprendentemente bajo. Los críticos comenzaron a sugerir que ello ha sido producto de la desaceleración económica. No obstante, el dato bajo en inflación se debe a factores adicionales. Actualmente, existen muchos interesados en difundir la idea de que México está sufriendo una catástrofe económica. El interés es propagar miedo. No hay duda de que existen muchas áreas de oportunidad, sobre todo en materia económica. Sin embargo, dista mucho de un escenario apocalíptico. Nuestro México y su gente van a prevalecer pese a sus políticos y a los grupos de interés que sólo quieren poder y dinero. Por voluntad de la mayoría de las personas que votaron, el país está inmerso en un proceso de cambio profundo, que no gusta a muchos. Los cambios son para mejorar; no tengo duda de que luego del gobierno del cambio que encabeza el presidente López Obrador habrá un país mejor, consciente de que no puede haber más corrupción generalizada, que la inseguridad nos atañe a todos y que el tema de la desigualdad no lo podemos seguir ignorando.

Para explicar la baja inflación que presentamos debemos partir de la excelente labor del Banco de México —Banxico— al frente de la política monetaria, producto en primer lugar, de su total autonomía de los gobiernos en turno y, en segundo lugar, del mérito del presidente de la República en incorporar nuevas voces y criterios a su junta de gobierno que complementa el enorme talento interno acumulado en el banco a lo largo de décadas. A lo anterior se añade la baja de los precios internacionales de las materias primas, que comenzó a registrarse durante el segundo trimestre del año pasado. Por último, se puede considerar, en efecto, la baja de la demanda interna. No obstante, en el vital tema del control de la inflación no todo es miel sobre hojuelas. La inflación subyacente aún se encuentra alejada de la meta objetivo del Banxico y el balance de riesgos, tanto externos como internos, se mantendrán con un sesgo relativamente negativo durante el 2020.

Para este año, debemos esperar del Banxico el mantener, si acaso profundizar, una política monetaria expansiva, pues las tasas de interés aún siguen estando altas, lo que puede estar provocando alguna obstrucción al crecimiento económico de por sí, bajo. En efecto, producto de la excesiva política restrictiva encabezada por el exgobernador del Banxico, Agustín Carstens que, como escuela, busca elevar en exceso las tasas a manera de tener los espacios suficientes en caso de tener que actuar, aunado al permanente temor que le causaba el precio del dólar, se generó un spread muy amplio entre las tasas de Estados Unidos y México que estorba al crecimiento junto con la desaceleración económica internacional, la baja en la producción industrial estadounidense y la política de austeridad desplegada por este gobierno, así como la falta de certidumbre económica. La inminente aprobación del T-MEC puede llevar el precio del dólar por debajo de los 19 pesos, lo que dará una motivación adicional a bajar las tasas pese a que los riesgos internos y externos prevalezcan pues el Banxico tiene un legado de altísimas tasas de interés insostenibles en el contexto actual.

Carlos Alberto Martínez

Doctor en Desarrollo Económico y Derecho

AUCTORITAS

Profesor en la Universidad Panamericana, Ibero y TEC de Monterrey. Ha trabajado en el Banco de México, la Secretaria de Hacienda, la presidencia de la República y en Washington, DC. Actualmente estudia el doctorado en Filosofía con investigaciones en el campo de la ética y la economía. Autor de libros en historia económica, regulación financiera y políticas públicas