Leo en un artículo de Francisco Valdez, brillante politólogo mexicano, en el periódico El Universal el día de ayer. Explica lo que para este gobierno significa la mayoría y el abatimiento de la oposición. El argumento es que los gobiernos populistas necesitan de una mayoría apabullante para llevar a cabo su proyecto. Lo que se llama: “La Unificación del Todo. El pueblo hecho un sólido bloque hegemónico con su líder”.

Lo que quiere decir, es que mientras más apabullante parece la aceptación del líder, menos espacio hay para la discusión democrática y la diversidad que en realidad somos en la sociedad mexicana.

El primer revés que el proyecto de la 4T ha recibido después de la elección del 6 de junio, se dio en esta semana pasada. En vez de convertir la revocación de mandato en una ratificación como pretendían los morenistas en sus modificaciones constitucionales, la oposición le dio sentido original y la pregunta quedó clara. ¿Se va o no? Por cierto no hay nadie, ni en la sociedad civil, ni en los partidos de oposición, que hayan manifestado la intención de que el presidente debe abandonar su puesto. Más aún, todo el mundo piensa que humildemente habremos de pasar 3 años más de necedades y caprichos y luego que se vaya a su rancho: La Chingada, como él le puso.

Mientras eso pasa, en medio de los distractores que siembra el presidente, un grupo de exlegisladores del PRI, nos hemos puesto a repensar que debemos hacer y cómo articular una agenda que valga la pena, vigile a su actual bancada y recupere lo que de bueno ha tenido el PRI a lo largo del siglo pasado. Cosa nada menor. Ningún partido, ni ninguna fuerza política hubiera sobrevivido si no hubiera hecho nada más que abusar y ser ineficiente. El PRI ha hecho cosas y ahora se dan por como cosas dadas por hecho, pero algo hizo, ahí están los resultados. Sobre todo, pensar en un desarrollo colectivo y abatir la pobreza en el contexto de tener que construir un Estado de Morelos cada año para ser viables, mínimamente. Cosas que hoy están muy lejos de siquiera pensarse.

El esfuerzo de estos legisladores será presentado en unos días, pero recupera lo básico: combatir la pobreza. Generar desarrollo y dar reglas claras a la inversión. Combatir la corrupción y la impunidad. El liberalismo democrático e igualitario mexicano anida en el PRI, le guste o no a los demás.

Que Morena se quiera parecer a eso, sin tener proyecto, destino y estructura real, es su problema. Nada más, pero nada menos también.

Miguel González Compeán

Abogado, politólogo y economista

Columna invitada

Ensayista e interesado en temas legales y de justicia. actualmente profesor de la facultad de derecho de la UNAM.

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