La advertencia de las catástrofes causadas por el cambio climático no son nuevas, pero las repercusiones que se están viviendo por todo el globo sí lo son. En Bangladesh, la marea ha subido tanto que pueblos enteros están desapareciendo. México duró más de un año con playas repletas de sargazo en la Riviera Maya, un fenómeno que antes sucedía sólo unas semanas. Las consecuencias de la actividad humana con la naturaleza se están manifestando en todo el planeta y el cambio hoy es urgente.

Los jóvenes lo saben y son los más afectados. Es un problema que se está desarrollando con un paso acelerado y les impide visualizar un futuro posible.

Las manifestaciones de jóvenes en Nueva York —donde se realiza la semana del clima y la Cumbre Acción Climática 2019— tienen a la cabeza a Greta Thunberg y exigen a líderes mundiales tomar acciones trascendentales y cambios concretos a corto plazo que transformen la realidad en la que vivimos y a la que nos acercamos.

Compromisos y resultados

En el 2015, se firmó el Acuerdo de París, donde casi 100 países se comprometieron a combatir el cambio climático y evitar el incremento de la temperatura a nivel mundial. Sin embargo, a cuatro años del acuerdo, EU canceló su participación dejando a la deriva a muchos países latinoamericanos que iban a recibir apoyo tecnológico para reducir su huella de carbono.

De momento, México firmó el llamamiento de los países que conforman el Panel de Alto Nivel para la Construcción de una Economía Oceánica Sostenible. Según la Secretaría de Relaciones Exteriores: “Con la firma del documento y la activa participación de nuestro país, el gobierno de México fortalece su liderazgo en iniciativas multilaterales encaminadas a lograr un océano limpio y sano, el uso sostenible de los recursos oceánicos, el crecimiento y desarrollo económicos”.

Estos acuerdos cambiarán la manera en que las actividades económicas se realizan actualmente. Necesitamos encontrar las áreas de oportunidad que permitan construir un mejor futuro.

Por ejemplo, la industria de energía eólica es un gran generador de empleo, incrementa la competitividad y es una de las industrias más limpias; su impacto económico, sólo en EU, es de 20,000 millones de dólares al año. O la energía nuclear, que ha demostrado ser eficaz y que con más investigación podría ser una de las energías más sustentables del planeta, pero que por cuestiones históricas sigue siendo temida por muchos gobiernos, aunque  algunos siguen trabajando en mejorar su uso para combatir el cambio climático y abastecer de energía al planeta.

La verdadera solución.

La solución está en hallar propuestas que solucionen el problema. La biotecnología y la infotecnología están avanzando más rápido de lo que podemos comprender y en quizá en ellas se puede encontrar la clave para combatir una batalla que parece perdida.

Hay empresas que están trabajando en la reducción de emisiones de carbono, otras que buscan la manera de ser sustentables. Tal es el caso de la moda. Con la crisis climática, muchas marcas han nacido bajo el esquema de colaboración digna, métodos orgánicos, sustentables y naturales.

Incluso marcas de fast fashion como H&M, Forever 21 y otras, están trabajando en cambiar sus métodos de producción y en campañas de reciclaje para disminuir el gran impacto ambiental que han provocado. Tomemos el ejemplo de la segunda. Forever 21 indica que todo el plástico de sus bolsas es 100 % reciclado, que la sede de la marca en California tiene la tercera instalación de paneles solares más grande, que donan millones a caridad y que favorecen el envío de su mercancía por mar y no por aire para contaminar menos.

Otros proyectos, como los de Boyan Slat de 25 años, realmente están combatiendo el problema de primera mano. Su startup, Ocean Clean Up, ha creado una gigantesca estructura en forma de U que planea limpiar el océano Pacífico de 90 % del plástico que hay en él. Espera que su trabajo ayude a concientizar del problema a otros y que para el 2040 casi no exista plástico en el mar.

La cooperación internacional es clave en esta lucha. Mientras los gobiernos no lleven a cabo acciones concretas que obliguen a las grandes empresas a seguir un estándar de calidad y sustentabilidad para ayudar al planeta, todo será en vano.

Las acciones individuales son buenas y siempre serán aplaudidas, pero está en nuevas leyes y reglamentos para empresas transnacionales, en el enfoque científico que permita investigación y desarrollo tecnológico y en un cambio de conciencia para que la crisis climática termine.