Dentro de la austeridad anunciada por López Obrador, se incluye el recorte de 70% de las plazas de confianza en la estructura gubernamental. Se parte de la premisa de que éstas están muy infladas y de que es posible “hacer lo mismo con menos”. Estos puestos abarcan a secretario, subsecretario, oficial mayor, jefe de unidad, director general, titular y adjunto. Argumenté la semana pasada que esta reducción podría afectar la operación eficiente del sector público. Pero creo que en muchos casos hay estructuras excesivas. Tomemos un ejemplo que conozco por experiencia: la Subsecretaría de Hacienda. El organigrama completo puede consultarse en portaltransparencia.gob.mx.

Esta Subsecretaría tiene seis unidades: la de Banca, Valores y Ahorro (BVA), la de Banca de Desarrollo (BD), la de Seguros, Pensiones y Seguridad Social (SPSS), la de Asuntos Internacionales (AI), la de Crédito Público (CP), y la de Planeación Económica (PE). En las cinco primeras, hay tres directores generales adjuntos (DGA) en cada una. No tienen directores generales (DG), sólo CP y PE tienen dos cada una y esta última sólo tiene un DGA. Una primera observación es que no se requiere que las unidades de BVA y BD sean de ese tamaño. Las DGA cumplen muchas funciones duplicadas, por ejemplo, en la de BVA hay una de regulación (ya lo hace la Comisión Bancaria y de Valores), una de análisis financiero (ya lo hace PE y la Comisión). En la de BD, dos llevan a cabo funciones de coordinación y política, lo cual podría hacerse con una pequeña dirección. La de SPSS es totalmente redundante, la regulación ya la hacen dos comisiones expresas (Consar y la de Seguros y Fianzas) y en este sexenio ha aportado casi nada al desarrollo de estos sectores. En la de AI, la única función justificable es la de la relación con organismos financieros internacionales, las otras dos DGA duplican lo que ya hace la Secretaría de Relaciones Exteriores. En la de PE, bastaría con tener un área de análisis y seguimiento de finanzas públicas y una de análisis y políticas macroeconómicas. La de CP es la más importante, pues representa una actividad central y especializada de la Secretaría: administrar la deuda pública. Aun así, las tres DGA podrían fusionarse en una sola.

Así, la Subsecretaría tiene, incluido a su titular, 27 mandos de confianza. ¿Sería viable aplicar la regla de la reducción de 70%? En este caso concreto, sí. Esto implicaría que quedara reducida a nueve puestos de confianza. Además del subsecretario, se podría compactar en tres jefaturas de unidad: Crédito y Deuda Pública, Política Macroeconómica con Organismos Financieros Internacionales y una tercera que agrupe la planeación, coordinación y análisis de los intermediarios financieros (banca comercial y de desarrollo principalmente), incluyendo políticas de inclusión y educación financiera. Quedarían cinco puestos entre DG y DGA para repartir de manera sensata.

Esto es una muestra de que hay casos de estructuras excesivas y que con nueve funcionarios de confianza comprometidos y preparados sería posible, en este caso, operar eficientemente. Ahora bien, ¿a mitad de sueldo?

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