El lance de tu espada

es curvo, desviación

Wong Li

Bienvenido el optimismo empresarial. Pero, ha de convertirse en un conjunto de estrategias de inversión y de aumento de la productividad. Los MIST, la nueva apuesta, tendrán que superar distintas pruebas para ponerse delante de los BRIC (Brasil, Rusia, India, China) durante los próximos 10 años.

Este nuevo grupo lo integran México, Indonesia, Corea del Sur y Turquía. En primer lugar, los cuatro tendrían que crecer por arriba de 6% anual, por lo menos, durante ese periodo. Con excepción de Corea del Sur, los otros estarían frente a la necesidad de dar un salto tecnológico en el conjunto de la economía, incluidos el sistema educativo y la agricultura. Y para México ese salto tiene que darse ya, exacto.

Si el país es competitivo mundialmente en cuatro o cinco sectores -automotriz, aeronáutica, electrodomésticos, medicamentos y algunos materiales- requeriría extender esa competitividad no sólo al sector energético, la agricultura y los alimentos industrializados, sino, por igual, a la estructura institucional y legal, comenzando por la seguridad que, por lo pronto, aleja una enorme cantidad de inversiones.

Los exportadores mexicanos han probado en los dos o tres últimos años su capacidad de diversificación geográfica de acuerdo con la evolución de los mercados. Si Estados Unidos se mantiene como el mercado ancla, China y otros países asiáticos, la región latinoamericana y la Unión Europea, aun en medio de la crisis, han visto aumentar los productos mexicanos.

En segundo lugar, México enfrenta la urgencia de hacer crecer su mercado interno en por lo menos 50% en los próximos cuatro años. Lo que lleva a la cuestión de la informalidad, el empleo y las pymes. De la primera ya se ocupó esta columna la semana pasada.

Por último, el tercer debate entre Obama y Romney confirma lo que ya se sabía. Ni México ni América Latina son prioritarios para Estados Unidos. Ni siquiera los narcotraficantes mexicanos. La señal es: rásquense con sus uñas. Lo que obliga a México a diseñar una política exterior global realista cuyo eje sea lo económico: comercio e inversiones. Y obliga, también, a reformular como estrictamente internos los objetivos del combate al narcotráfico: acabar con la violencia y reconstruir la seguridad. No más quejas. Un México que se ve fuerte y es fuerte, que puede resolver ese problema, aunque en buena medida la causa esté del otro lado.