En la edición anterior se describió la evolución de las emisiones de dióxido de carbono (CO2), principal gas liberado a la atmósfera. Asimismo, se enunciaron el resto de los gases de efecto invernadero (GEI): 1) emisiones fugitivas compuestas por metano y óxido nitroso (N2O) y 2) gases precursores de ozono.

Los GEI son medidos en toneladas anuales y gigagramos de CO2 equivalente; es decir, son ponderadas de acuerdo a su potencial de calentamiento global para un horizonte de 100 años equivalente al del CO2, lo que permite compararlos y sumarlos a las emisiones de CO2.

El análisis de la presente nota se centra en los gases precursores de ozono. Estos gases son monóxido de carbono (CO); óxidos de nitrógeno (NOX); compuestos orgánicos volátiles diferentes al metano (COV); partículas suspendidas respirables; dióxido de azufre (SO2), y amoniaco (NH3).

Los precursores de ozono se clasifican en cuatro tipos de fuente: 1) fijas o de punto emitidas por la industria; 2) móviles provenientes de vehículos automotores; 3) de área emitidas por comercios, casas habitación y servicios, entre otros, y 4) naturales provenientes de la erosión del suelo y emisiones biogénicas, entre otras.

De acuerdo al Inventario Nacional de Emisiones a la Atmósfera, publicado por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, en el 2008 se emitieron 58.9 millones de toneladas de gases precursores de ozono, 17.2% menos que 71.2 millones de toneladas registradas en el 2005. La disminución de las emisiones se explica por la menor contaminación de fuentes fijas, móviles y naturales. Las fuentes de área incrementaron sus emisiones 17.9%, al pasar de 6.7 a 7.9 millones de toneladas anuales en el periodo.

Las emisiones atribuibles a la agricultura disminuyeron de 16.9 a 13.9 millones de toneladas entre 2005 y 2008; es decir, 17.6% menos GEI precursores de ozono, principalmente por la disminución de 3.5 millones de toneladas de COV. La agricultura contribuye con emisiones de combustión agrícola; aplicación de fertilizantes y plaguicidas; labranza; quemas agrícolas y propagación a incendios forestales; maquinaria agrícola, y emisiones biogénicas.

La implementación de técnicas de agricultura sostenible, como labranza de conservación, contribuyen a los objetivos del milenio, al implementar ecotecnias ambientalmente amigables y económicamente viables. Estas técnicas se caracterizan por utilizar paquetes tecnológicos basados en análisis de suelo, fertilización balanceada, manejo integrado de plagas y uso racional del agua en sistemas de riego.

Entre otros beneficios, la agricultura sostenible reduce las emisiones de SO2, CO, NOX y COV por el menor uso de maquinaria agrícola, combustión y al eliminar quemas agrícolas de COV y amoniaco por el uso racional de fertilizantes y plaguicidas, así como de NOX y COV por menores emisiones biogénicas al recuperar la estructura del suelo, incorporando materia orgánica y conservación de biota. Adicionalmente, el manejo integrado de plagas y fertilización balanceada contribuyen con la meta de disminuir el uso de sustancias que agotan la capa de ozono; eliminar quemas agrícolas con disminuir la pérdida de superficie forestal; uso racional de agua en sistemas de riego con la proporción de agua utilizada en el sector, y el modelo en conjunto con la superficie nacional bajo manejo sustentable.

*Luis Daniel Núñez Guzmán es especialista de la Subdirección de Diseño de Programas en FIRA. La opinión es responsabilidad del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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