Hay abrumadora evidencia de los graves efectos ambientales del etanol utilizado como combustible automotor o aditivo oxigenado en las gasolinas. Contaminación del aire por ozono y compuestos tóxicos es uno; deforestación y destrucción de ecosistemas naturales por la expansión de los cultivos de maíz o caña de azúcar (con los cuales se produce etanol) es otro. También destaca la contaminación de suelos y aguas por agroquímicos, así como la erosión y sobreexplotación de recursos hídricos por riego.

Hoy se sabe igualmente que el ciclo de producción y uso de etanol puede presentar un mayor balance neto de carbono que los combustibles fósiles, lo que empeora calentamiento global. Todo ello, sabiendo que el etanol tiene 30% menor contenido energético que la gasolina, lo que repercute en su ineficiencia y costo real, y que implica grandes recursos territoriales y una descomunal apropiación de la Productividad Primaria Neta de la biósfera para producir una determinada cantidad de energía (en comparación, digamos, con la gasolina). El etanol es a todas luces insostenible.

Sin embargo, la Comisión Reguladora de Energía (CRE) persiste en forzar el etanol en México. Ha modificado para ello arbitrariamente la normatividad de combustibles otorgándole privilegios y manga ancha ambiental ignorando sus impactos para hacerlo atractivo. Y desde luego, para favorecer la importación de gasolinas norteamericanas con etanol, producido con maíz. Recordemos que en Estados Unidos, un colosal programa de subsidios (50,000 millones de dólares) y regulaciones ad hoc logradas por el poderoso lobby agrícola de ese país ha llevado a que sus gasolinas contengan 10% de etanol.

Sin embargo, la industria del etanol norteamericano ha encontrado límites, dada la reticencia de la Agencia de Protección Ambiental a incrementar el contenido obligatorio de etanol en las gasolinas, y a una oposición creciente de organizaciones civiles ambientalistas, académicos e investigadores al etanol por sus profundos impactos ambientales. Incluso Al Gore ha confesado que fue un grave error ambiental y climático promover la utilización de etanol en Estados Unidos.

Es así que la industria norteamericana del etanol ha presionado a la CRE para encontrar nuevos mercados en México; y hasta ahora va teniendo éxito. Ello, no obstante, las advertencias y oposición de ambientalistas mexicanos, y opiniones contrarias de la Secretaría de Medio Ambiente , Inventario Nacional de Emisiones de Gases y Compuestos de Efecto Invernadero, Petróleos Mexicanos, Instituto Mexicano del Petróleo y Asociación Mexicana de la Industria Automotriz. En este último caso, a partir de que el parque vehicular mexicano resentiría mecánicamente el uso de etanol (por su corrosividad y separación de fases con la gasolina), además de la reducción en la eficiencia de los motores. El lobby norteamericano del etanol espera que las negociaciones para el nuevo Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) terminen de abrirle la puerta de México, con la finalidad de colocar aquí sus excedentes de manera directa para ser mezclados localmente con las gasolinas, o a través de la importación de gasolinas con etanol desde Estados Unidos. Así, seguiremos importando directamente no sólo grandes volúmenes de maíz de los Estados Unidos, sino también maíz indirecto o virtual a través de importaciones masivas de etanol.

El Secretario de Energía Perry, ante el Congreso, constató la orden de Trump de inundar a México con etanol norteamericano.

Ellos saben que los potenciales productores mexicanos de etanol no podrían competir en condiciones de libre comercio, dados los gigantescos subsidios acumulados en Estados Unidos y la sofisticada tecnología, tanto agrícola como de destilación. Además, claro, de condiciones agroecológicas distintas y la existencia allá de una amplia red de infraestructura separada para transportar y almacenar etanol, aquí, inexistente. Paradójicamente, esto le evitaría a México daños ecológicos muy severos derivados de la producción nacional de etanol, aunque de todas formas las ciudades mexicanas padecerían las consecuencias negativas sobre la calidad del aire.

Así, la CRE está siendo el ujier o anfitrión para el lobby agrícola y la industria norteamericana del etanol en México, y el TLCAN será el vehículo. Es una astuta coartada.

GabrielQuadri de la Torre

Ingeniero Civil y Economista

Verde en Serio

Político, ecologista liberal e investigador mexicano, ha fungido como funcionario público y activista en el sector privado. Fue candidato del partido Nueva Alianza a Presidente de México en las elecciones de 2012.