Hace 14 años, el Director Gerente del Fondo Monetario Internacional, Michel Camdessus, reconocía: Si se abandona totalmente el mercado a sus mecanismos, se corre el riesgo de que los más débiles sean pisoteados . También en esas fechas el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Robert Rubin, observaba: Se debería tomar en consideración el impacto de las propuestas fiscales sobre el gasto social, asegurarse que los presupuestos para programas sociales no deberían reducirse, incluso durante contracciones del gasto público .

Lo que sucedió es que las políticas seguidas en todo el mundo, lideradas por EU, evidencian que se siguieron las pautas del mercado y se descuidó el gasto social. El resultado son crisis recurrentes con un sistema financiero que actúa libremente como la zorra en el gallinero porque fue desregulado. Las sociedades se han devaluado. Y es evidente el triunfo del yo en el universo de valores.

Ahora en México se ha reconocido por primera vez, oficialmente, que hay hambre. Se eludía mencionarla y sólo aisladamente se comentaba a pesar de encuestas que advertían el fenómeno en muchos espacios del país.

También se recuerda que tenemos 52 millones de pobres. Estos datos ya se conocían, pero eran relativizados con argumentos de dudosa validez.

La descalificación de las cifras sobre pobreza y hambre llevaron a politólogos y economistas neoliberales a considerar que la clase media representaba dos tercios de la población y con base en ello formulan alegres propuestas como si México fuera un país europeo, marginando las consideraciones de rescatar a la sociedad pobre que representa la mitad de la población total del país y que demanda silenciosamente la solución a sus problemas. De ahí el surgimiento de líderes ocasionales, como Marcos, o permanentes en su discurso contestatario, como AMLO. También la tentación narco para los jóvenes.

Por ello es importante la iniciativa del presidente Peña Nieto, de lanzar una Cruzada Nacional contra el Hambre, integrando 70 programas gubernamentales que ya existían, pero caracterizan de la falta de coordinación.

Si el gobierno logra hacer efectivos los programas existentes se habrá dado un paso positivo y valioso para avanzar y contribuir a que la población tenga respuestas a sus problemas urgentes. Si ello no ocurre será una experiencia más de frustración.

La estrategia coordinada por Rosario Robles, titular de la Sedesol, empieza bien porque involucra a las secretarias de Estado y a los gobiernos estatales. Tiene en perspectiva un intenso trabajo que la hace una importante protagonista en el forcejeo político, pero también tiene como limitante la tendencia burocrática a regatear el contenido operativo de las decisiones políticas, porque tiene el defecto estructural de medrar en la inercia improductiva. Esta actitud es creciente en la medida que se avanza en un sexenio.

Lo deseable es empatar el conjunto de acciones de la Sedesol con crecimiento económico, particularmente en las infraestructuras para la creación de empleos.

El problema del atraso, la pobreza y el hambre tiene solución en el crecimiento económico, como lo demuestra la experiencia histórica internacional. Asociado a ello está la creación de empleos bien remunerados y el impulso de una buena educación, salud y vivienda. De ese tamaño es el reto de la legitimidad de gestión.