Estamos ante el comienzo de un ajuste fiscal de magnitudes descomunales sin el cual no estará completo el proceso de desapalancamiento.

El riesgo de la crisis global está más relacionado con el agravamiento de la crisis soberana de EU y Europa.

A casi cuatro años del inicio de la crisis financiera global, la actividad económica continúa dando señales de debilidad e inconsistencia. A pesar de la gran magnitud -sin precedentes- de estímulos monetarios que han sido implementados, el ciclo de recuperación poscrisis que estamos viviendo sigue siendo muy diferente a los transcurridos después de otras recesiones.

Esto se debe a que la naturaleza de la Gran Recesión es muy diferente a la de la mayoría de las vividas en los últimos 90 años. Una recesión normal de características cíclicas es, comúnmente, provocada por alguna o varias de las siguientes razones: I) un ajuste de inventarios a causa de una sobreproducción; II) una caída en la demanda agregada por un choque externo y/o III) un error de política fiscal o monetaria.

Las recesiones cíclicas, por lo general, son cortas y poco profundas siempre y cuando las autoridades económicas sean ágiles en aplicar las medidas correctivas necesarias. Sin embargo, la Gran Recesión que comenzó en el 2008 no es una recesión común y corriente, ya que en su epicentro se ubicaban enormes e insostenibles niveles de apalancamiento en el sector financiero y en los hogares de la mayoría de las economías desarrolladas.

Este sobreapalancamiento contribuyó de forma determinante a la creación de una burbuja en la demanda de bienes y servicios a nivel global, con especial énfasis en algunas clases de activos como los bienes raíces y los activos financieros.

Dado este contexto, es natural que el proceso de recuperación experimentado desde el 2009 haya sido de una naturaleza muy diferente a los episodios de recuperación de todas las recesiones observadas desde la Gran Depresión de 1929. La recuperación actual ha sido mucho más lenta y dispareja que otros periodos posrecesión, a pesar de que los estímulos fiscales y monetarios aplicados en los últimos cuatro años no tienen precedente en monto y velocidad de implementación. En términos llanos, el rendimiento de cada dólar de estímulo fiscal y monetario medido en crecimiento económico es sumamente pobre comparado con otras recesiones.

Esto último tiene una explicación lógica, ya que los estímulos han amortiguado el golpe del proceso de desapalancamiento de los hogares y el sector financiero. Sin embargo, el desapalancamiento del sector privado se ha dado a costa de un sobreendeudamiento del sector público en las economías desarrolladas.

Ante esta situación, estamos frente el comienzo de un ajuste fiscal de magnitudes descomunales, sin el cual no estará completo el proceso de desapalancamiento y ajuste necesario para normalizar los excesos del periodo 2002-08. Es claro que este escenario de desapalancamiento de los gobiernos, mediante un ajuste fiscal gradual, ha sido preferible al impacto devastador que hubiera tenido un desendeudamiento masivo del sector financiero y privado de golpe.

Es claro que los principales riesgos a la situación económica global ya no vienen del lado del proceso de desapalancamiento del sector privado en Estados Unidos. Los niveles de endeudamiento del sector privado en EU se han normalizado a niveles precrisis. Dicha reducción, sin duda, ha sido beneficiada por un entorno de tasas de interés históricamente bajas y un incremento en el nivel de ahorro de los consumidores. Sin embargo, la disminución en los niveles de apalancamiento podría ser aún más relevante una vez que los precios de activos financieros e inmobiliarios tengan una recuperación más sostenida.

El riesgo principal de la situación económica global está más relacionado con el agravamiento de la crisis de deuda soberana en EU y Europa. Si el ajuste fiscal en EU y Europa se da de manera desordenada, la economía global entrará en recesión. Desafortunadamente, la discusión sobre la gradualidad o no gradualidad de dicho ajuste fiscal se ha convertido en botín político, tanto en Europa como en Estados Unidos, lo cual incrementa la incertidumbre y enturbia las perspectivas económicas y financieras a nivel global.

joaquinld@eleconomista.com.mx