A punto de celebrarse el 73 aniversario de la fundación del PAN, en vísperas de que ocurra la segunda fase de la transición , en las filas del partido albiazul deben resolver un dilema fundamental: el papel que jugara Felipe Calderón Hinojosa en la renovación de ese instituto político.

Para bien o para mal, el Ejecutivo federal es -y seguirá siendo- la figura predominante en esa formación partidista. Cuando entregue el poder al priísta Enrique Peña Nieto tendrá 50 años. Como él mismo ha propagado en épocas recientes, de acuerdo con el testimonio de quienes han podido conversar con él en los últimos días, se mantendrá en activo, por lo menos durante las próximas dos décadas.

Fue Calderón Hinojosa quien propuso, apenas pasada la elección presidencial, la reconstrucción del partido. Una refundación que pasaba por la renovación de la jefatura nacional y también de las dirigencias estatales en una decena de estados.

Un relevo de lo que fracasó, de lo que no funcionó en la campaña que dejó a Josefina Vázquez Mota en el tercer lugar y que hará al PAN entregar el poder en Jalisco y Morelos.

Hay que purgar al partido , llegó a decir el Presidente hace poco más de un mes ante dirigentes estatales, que se opusieron a su propuesta de convocar a una Asamblea Extraordinaria en octubre.

Ni refundación ni relevo. Gustavo Madero, aliado con los sectores más radicales, logró frenar los afanes calderonistas. El futuro quedó hipotecado a las inercias, al desdoro, a las ambiciones cortoplacistas.

El Presidente se ha quedado solo. Así lució a mediados de julio, en la fiesta de despedida de Abraham Cherem, el fiel exsecretario particular de Juan Camilo Mouriño que decidió dejar la posición gubernamental para irse a cursar una maestría.

Esa noche, Calderón no tuvo mucha ronda. Estuvo solo buena parte de la fiesta y sólo hasta que llegó Ernesto Cordero tuvo algo de resonancia. Las columnas de trascendidos dieron cuenta de que jugó Rock Bando con su vocera, Alejandra Sota, y con Max Cortázar, pero pasaron por alto la frialdad de la clase política albiazul.

Un año antes, todo era diferente: en el festejo de su cumpleaños número 49 había derecho de admisión.

Muchos no olvidan que la gobernadora de Yucatán, Ivonne Ortega, enfrentó a los guardias presidenciales que le impedían el acceso a Los Pinos porque llegó sin acompañante.

Si no trae pareja, no entra , le dijeron a la priísta, quien le llamó al Secretario de Gobernación, José Francisco Blake, para expresarle su sentir. Tuvo que intervenir Enrique Peña Nieto para lograr que la Mandataria yucateca regresara al agape.

A los priístas, Calderón siempre los ha procurado. A sus compañeros de partido les ha demandado lealtad y obediencia sin condiciones.

No todos han correspondido a tales exigencias. Ya se conoce lo que llegó a decir del ahora senador Javier Corral Jurado y la respuesta del combativo legislador. Su historia se hermana a las de Manuel Espino, Manuel Clouthier y muchos otros panistas que querían otra ruta, electoralmente hablando.

Calderón ha dicho que trabajó sin descanso y que nunca violó la ley, en las campanas. No miente. Pero los josefinistas le reclaman que nunca activó los mecanismos que habrían abierto el financiamiento de los grandes empresarios para la campaña de la candidata blanquiazul.

La historia habrá de juzgar su desempeño como gobernante. Como jefe máximo del partido, su saldo es deficitario a la luz de lo acontecido el 1 de julio. Pero no todo es culpa suya. No puede achacársele que Isabel Miranda de Wallace haya sido candidata Jefa de Gobierno. Ella, como muchos candidatos del PAN, no hizo campaña porque no quiso gastar de su bolsa en la operación electoral.

Pasado ese difícil trance, ahora está en duda la ruta que tomará el partido. Tendrá que colaborar con la administración peñista obligado por las circunstancias, pero no para darle continuidad de la obra calderonista.

Y, sobre todo, porque ya quedan muy pocos leales a su causa. La bancada panista en San Lázaro enfrenta serios problemas de cohesión y en la Camara Alta, la belicosidad contra Cordero Arroyo es de antología. Al grado de que muchos apuestan por Héctor Larios como un relevo próximo.

Calderón Hinojosa podrá ser un gran Presidente de la República, mas no para los panistas. Tendrá enormes dificultades para posicionar a Jordy Herrera como sustituto de Gustavo Madero, porque los consejeros nacionales ya no compran los argumentos fáciles.

No olvidan, por ejemplo, las invectivas de El Jefe Diego Fernández de Cevallos contra Josefina Vázquez Mota apenas unos días después de la campaña, ecos del sentimiento calderonista respecto de lo que no funcionó. El PAN seguirá, sin Calderón... Al tiempo. Ya se verá donde deciden estar Ernesto Cordero, Salvador Vega Casillas, Gabriela Cuevas, Obdulio Avila, Alejandro Poiré y el resto de los calderonistas que fuera de Los Pinos vivirán en la orfandad.