El último día de mayo, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, subió a México, Canadá y la Unión Europea a una guerra comercial, que ya había desatado con China hace unas semanas, invocando razones de seguridad nacional para que a partir del primer minuto del 1 de junio, Estados Unidos aplicara aranceles de 25 y 10% a las importaciones provenientes de estos países de acero y aluminio, respectivamente

Ésta no es una guerra como las libradas en el siglo XX. Éste es el tipo de guerra del siglo XXI, en donde no se disparan balas, sino se toman medidas proteccionistas con el fin de tener economías más fuertes hacia adentro, y tener dominio sobre el resto de las economías y el comercio global; sin embargo, la experiencia nos indica que en este tipo de guerra no hay ganadores, sólo perdedores.

La respuesta de estos países no se hizo esperar.

Canadá, el principal proveedor de acero de Estados Unidos, decidió tomar represalias a través de medidas similares, al imponer aranceles a las importaciones de Estados Unidos por un valor de 12,800 millones de dólares estadounidenses, considerándose ésta como la acción comercial más fuerte instrumentada por Canadá en la época de la posguerra.

Adicionalmente, Canadá decidió llevar una queja en contra de Estados Unidos a la Organización Mundial del Comercio (OMC), por las medidas unilaterales tomadas por ese país y la justificación que usó sobre razones de seguridad nacional.

Por su parte, la Unión Europea decidió aplicar aranceles de 25% a las importaciones de una lista de alrededor de 200 productos estadounidenses que van desde motocicletas hasta jugo de arándano, por un valor que seguramente será muy cercano a los 7,500 millones de dólares de exportaciones europeas que se verán afectadas por los aranceles impuestos por Estados Unidos, además de presentar su respectiva queja ante la OMC.

En el caso de México, en donde somos, junto con Canadá, los principales proveedores de acero de Estados Unidos, y supuestamente socios comerciales, los aranceles impuestos por nuestro vecino del norte importan aproximadamente 4,000 millones de dólares, por lo que nuestro gobierno decidió aplicar aranceles proporcionales a productos norteamericanos que van desde medidas para aceros planos, piernas y paletas de cerdo hasta manzanas y uvas por un monto equiparable al nivel de afectación hasta en tanto Washington elimine los aranceles.

Las implicaciones son diversas y el impacto económico principalmente afecta a los consumidores, ya que al elevar el costo de las importaciones, el costo para el consumidor final también se eleva y esto genera presiones inflacionarias.

Al generarse mayores presiones inflacionarias, la Reserva Federal de Estados Unidos se verá presionada a aumentar su tasa de interés quizá no dos, sino tres veces este año, lo que impacta negativamente en las tasas de interés de nuestro país y en el tipo de cambio, presionando aún más a Banco de México a hacer lo propio.

Por lo pronto, el mercado ya descuenta con 92.5% de probabilidad que la Fed incremente en un cuarto de punto la tasa de referencia el próximo 13 de junio.

De hecho, la semana pasada nuestro peso se depreció frente al dólar 1.83%, y 6.24% a lo largo de mayo, llegando por momentos a rebasar los 20 pesos/dólar.

A lo anterior hay que sumarle la difícil perspectiva que hoy presenta la negociación para la modernización del TLCAN, y que estamos a menos de un mes de las elecciones, las cuales se antojan muy complicadas, lo que abona a la incertidumbre y detiene las inversiones, teniendo un impacto negativo en el crecimiento económico.

Sin duda en las guerras comerciales todos pierden, pero en la parte comercial la diversificación es clave (México tiene suscritos 45 tratados comerciales), y para la incertidumbre en los mercados financieros las armas para protegernos se llaman coberturas de precios.

México no puede ni debe quedar atrapado en una guerra comercial entre Estados Unidos y China.

En medio de la adversidad siempre hay oportunidades que solamente son aprovechadas por los que se anticipan y usan las mejores herramientas.

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