Algunos mandatarios como Trump, presidente de Estados Unidos, y Macron, presidente de Francia, han utilizado, retóricamente, el término de “guerra” para describir la crisis provocada por la pandemia que actualmente estamos enfrentando. Algunos otros como Steinmeier, presidente de Alemania, han externado que “es una prueba para la humanidad”. Lo que sí es un hecho, es que dichas analogías nos pueden ayudar a entender el potencial de las consecuencias económicas que podría tener esta crisis.

Normalmente los periodos de guerra son más largos que los de recesión; sin embargo, el ciclo económico que estamos viviendo no se parece a ningún otro que haya ocurrido en épocas de paz durante los últimos 50 años, y en cierta medida, se asemeja a economías en tiempos de guerra, por lo menos, en cuanto a la movilización de masas se refiere. Aún y cuando algunos países europeos y estados/sectores de Estados Unidos han empezado a abrir sus economías, la duración de este ciclo dependerá, en buena medida, del tiempo que tome el controlar o, en su defecto, derrotar a este virus.

Haciendo un recorrido por la historia económica reciente, he aquí algunas similitudes y diferencias entre los tiempos de guerra y la pandemia que hoy en día enfrentamos:

  1. El plazo será mucho más largo del que anticipábamos.- Algunas actividades económicas empiezan a reactivarse lentamente pero en la gran mayoría de los casos estas actividades son tentativas y se mantendrán por debajo de su capacidad. La pregunta es: ¿estamos ya al final, o nos debemos preparar para un rebrote?

     

  2. El gobierno se convierte en el principal actor económico.- Mientras la crisis avanza, el déficit público (fiscal) alcanza niveles inimaginables para cualquier época de paz; lento al principio y, posteriormente rápido, mientras la magnitud del problema se vuelve más evidente y letal. Cabe señalar que, si el periodo de crisis se extiende más de lo esperado, el incremento en el gasto gubernamental será lo único que pueda generar un incremento en el PIB ante la baja en el consumo de los hogares, el recorte en la inversión privada y la caída en las exportaciones.

     

  3. En tiempos de guerra, el incremento en el gasto público se da por la movilización de gente y materiales.- Y en cierto sentido, durante esta crisis, dicho gasto ya se está dando. Con la solicitud a los ciudadanos de quedarse en casa y la puesta en marcha de diversos programas sociales, el incremento en el gasto público para financiar dicha movilización, con el fin de reactivar sectores claves de la economía, ya está en marcha.

     

  4. La movilización se incrementa para absorber la inactividad económica, intensificando la mano de obra y elevando la tasa de inflación.- En tiempos de guerra la movilización de gente abate los niveles de desempleo, pero en este nuevo escenario dicho fenómeno es meramente imposible ante el cierre total o parcial de un sinnúmero de empresas de diversos sectores económicos.

     

  5. Tiempos de guerra implica sectores ganadores y perdedores.- El gobierno decide qué es estratégico y qué no, mientras que los sectores que dependen del gasto discrecional de los hogares, ven caer drásticamente sus ingresos. A manera de ejemplo, podemos señalar la caída de ventas en sectores tales como el automotriz, turismo, entretenimiento, etc.

     

  6. La guerra puede terminar en una recesión.- ¿Qué pasará cuando culminen los esfuerzos para controlar / derrotar el virus? Algunas condiciones para una desaceleración post-pandemia ya han sido sembradas. Gobiernos de diferentes países han tomado medidas expansivas y el final de la crisis necesariamente implicará la cancelación de dichas medidas por ser insostenibles e inflacionarias en el mediano y largo plazo. El gasto doméstico (consumo) ha sido fuertemente impactado y su recuperación tomará tiempo, máxime si el desempleo es elevado y persistente. Por otra parte, el comercio internacional se ha desacelerado y puede seguir cayendo aún más, sobre todo si las compañías se enfocan en recomponer / relocalizar sus cadenas de suministro y / o en adaptarse a los nuevos estándares sanitarios que soliciten los gobiernos de los países.

     

  7. El final de la guerra puede traer cambios institucionales y mejorar el contrato social.- Las dos guerras mundiales fueron seguidas por largos periodos, caracterizados por grandes intentos para mejorar los servicios sociales y reintegrar tanto a la fuerza laboral como a la sociedad a sus comunidades. A manera de ejemplo, podemos señalar que en Inglaterra, Francia y en algunos otros países de Europa, así como en Estados Unidos, se promulgaron grandes reformas en materia de seguridad social; incluyendo, en el caso de Francia, la protección social universal (USP por su siglas en inglés).

La gran pregunta es: ¿qué pasará en esta ocasión? En un escenario de baja movilización y en una economía “normal”, la pandemia del Covid-19 podría incrementar, para los individuos, la inseguridad económica tanto en materia de trabajo como en ahorro y consumo, tal y como ha ocurrido en los últimos 20 años; pero por otro lado, un escenario de mejoras en el sistema de seguridad social y movilización a gran escala, nos pondría en una situación diferente. Basta recordar que guerras previas trajeron cambios en el ámbito laboral, tales como una mayor sindicalización, beneficios laborales y un incremento en la participación de las mujeres en la fuerza laboral, por ello esta pandemia podría acelerar nuevos cambios y traernos el seguro de desempleo, salario universal, trabajo remoto, etc., y culminar así con un nuevo contrato social que mejore el ingreso de las personas, expanda el acceso a las nuevas tecnologías y de origen a un incremento en la productividad y la prosperidad económica.

Termino este artículo diciendo que a mí me gustaría pensar que la frase del Presidente “esto nos viene como anillo al dedo” se refiera a la posibilidad de lograr, bajo este reciente entorno, un Acuerdo Nacional que nos permita poner sobre la mesa un Nuevo Pacto Social tendiente a reducir la desigualdad y hacer de México un país más equitativo.