In memoriam Elvirita

Mi mamá, mi querida Elvirita, hace unos cuantos días murió de vivir. Vivió tanto y con tanta intensidad, con tantas alegrías y con tantas penas que ya no podía ir a más, 100 años muy bien vividos. Hoy como casi 50 mil familias mexicanas, los Vale también están de luto. Como se dice, sin saber bien a bien si es cierto, Doña Elvira ya descansó. Nosotros no.

Y digo esto porque en nuestro país, al día de hoy, han fallecido miles y miles de personas victimas no de vivir a tope y con cuidados como mi mamá sino del implacable Covid, y sobre todo del pésimo e irresponsable manejo de la pandemia por parte de nuestras autoridades que, digámoslo claro, tantas muertes han causado. ¿Cuántas vidas podrían haberse salvado?

Aunque no lo quieran reconocer, México, como yo, está de duelo. No estamos para fiestas, no estamos para antorchas y serpentinas festivas, no estamos para giras, no estamos ni siquiera para estar tristes, aunque tengamos roto el corazón. No estamos para minutos de silencio, ni para aplausos de reconocimiento. Estamos –y debería estarlo el mal llamado gobierno– para corregir fallas y carencias en las instalaciones hospitalarias, para tapizar de cubrebocas al país, para proteger a todos los que se juegan la vida por salvar otra. Estamos para ver a un presidente responsable, dando el ejemplo, usando cubrebocas y tomando decisiones que nos cuiden a todos. Estamos para proteger a los más pobres que son los que más se contagian y mueren. Estamos para que se hagan pruebas masivas, para hacer observar el confinamiento. Estamos para tomar decisiones económicas lógicas, inteligentes, que hagan posible sobrevivir a la mega crisis que estamos viviendo mientras morimos. Para eso estamos, porque la necia realidad otra vez está ganando.

Todos los seres humanos nos damos, tarde o temprano, un encontronazo con la muerte. Lo peor, lo mas triste, es que este ver a los ojos el final, de frente y sin escudos, nunca es por nuestro propio fin sino primero por el de los seres que más queremos. Eso es lo más difícil. Nuestro concepto de muerte va formándose como algo que sucede al otro. Y por ver y sentir al ser querido que nos deja, lo que conocemos mejor es el dolor de la pérdida que afecta integralmente la existencia humana. Sé, porque los veo a diario, que hay algunos que no saben nada de esto, mucho menos lo que son las condolencias, que no quieren o pueden sentir a profundidad el dolor de nadie que no sea el de ellos mismos. Inmaduros, despreciables, inhumanos, torpes, elementales, egoístas, los compadezco.

Entre esos terribles algunos y en estos tiempos revueltos, en que la indiferencia y el afán de poder son el único interés de los populistas del mundo, en estos momentos en que tantos y tantos estamos sufriendo, me niego en redondo a darme por vencida. Con tristeza, pero con la entereza y valentía que me enseñó a tener mi mamá, me pongo otra vez de pie para seguir en la batalla. Para Elvirita nada era imposible, para mi tampoco.

Tere Vale

Psicóloga

Columna invitada

Psicóloga, conductora, escritora, comentarista de Grupo Fórmula.