Opinión

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Estallidos ?de violencia

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Por Carlos Requena

Winston Churchill, uno de los políticos y estrategas más influyentes del Reino Unido y del mundo, confesó que pasó más de la mitad de su vida preocupándose por cosas que jamás iban a ocurrir. Otro estadista de talla mundial, Abraham Lincoln, afirmó que la mejor forma de prevenir el futuro es crear el presente .

En un sentido completamente opuesto, los políticos mexicanos pasan más de la mitad de su vida sin preocuparse -ni ocuparse - en lo más mínimo por cuestiones que definitivamente van a ocurrir y están ocurriendo. La prevención no está en su diccionario.

Un ejemplo de esta omisión es la violencia creciente en México; ese terrible agobio y grave fastidio que rebasa lo individual, social e institucional a escala nacional. Apenas en el 2013, cuando el problema ya había alcanzado dimensiones alarmantes, el gobierno federal identificó la necesidad de redactar un Programa Nacional para la Prevención Social de la Violencia y la Delincuencia (PNPSVD). Sobre las bases dictadas por el presidente Enrique Peña Nieto (cinco ejes y 13 acciones) para lograr un México en paz, incluyente, con educación de calidad, crecimiento económico y responsabilidad global, tal documento fue impulsado por la Subsecretaría para la Prevención y Participación Ciudadana de la Secretaría de Gobernación, entonces a cargo de Roberto Campa. Pero a estas alturas dicha estrategia ya perdió rumbo y perdió efectividad a causa de otro mal de la política nacional: el chapulinismo. Campa fue movido a la Subsecretaría de Derechos Humanos de la misma Segob, y hoy está ocupado desactivando bombazos políticos en Iguala y Nochixtlán.

Ningún programa para prevenir la violencia y la delincuencia avanza y, si lo hace, está fuera de tiempo totalmente rebasado. No se vislumbran soluciones frente a estos problemas complejos y la sociedad agraviada reclama asustada, enojada y harta. Ningún político, ningún gobernante mexicano y ni programa de gobierno tiene buena reputación. La arrogancia inherente a negar o remediar esta terrible realidad es otro factor importante que agrava la crisis.

La Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (Envipe) 2015 indica que más de la mitad (58%) de la población adulta en México considera que la inseguridad y la delincuencia representan el principal problema del país, por encima del desempleo y el aumento de precios. Además, 73.2% considera que vivir en su estado es inseguro y más de la mitad reconoce haber modificado comportamientos sociales como permitir la salida de sus hijos menores (67.9%), usar joyas (64.8%) y salir de noche (51 por ciento).

Lilian Chapa, investigadora del Programa de Seguridad Pública de México Evalúa, plantea tres recomendaciones básicas para el PNPSVD y el Programa Nacional de Prevención del Delito: rendición de cuentas (incluir indicadores de resultado), prevención temprana (más atención a la población infantil) y coordinación interinstitucional para identificar correctamente a la población en riesgo.

No planear bien para evitar una crisis es como buscar tenerla

México está enojado y deprimido. Es tiempo de que los gobernantes materialicen pensamientos y soluciones eficaces para prevenir estallidos de violencia. De tanto pensar sólo en prevenir estallidos sociales, terminarán provocándolos.

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