Menor gasto y más impuestos son la solución.

El Presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos es una especie de salvavidas para la clase política de su país, porque con bien ganado mote del Helicóptero Ben, se ha dedicado a inundar de dólares el mercado que han paliado la falta de acciones de la Casa Blanca y el Congreso.

Ben Shalom Bernanke es un profundo conocedor de la historia de la Gran Recesión de los años 30 del siglo pasado. Entiende que la política monetaria restrictiva que acompañó a la caída económica creó una mezcla mortal para el crecimiento del Producto Interno Bruto estadounidense.

De ahí la obsesión de Bernanke de hacer lo que pueda desde el banco central para mantener la economía a flote. Está claro que entre la posibilidad de crear empleos y la amenaza de presionar la inflación, Ben se queda con los puestos de trabajo.

Pero el Presidente de la Fed no sólo tiene los dólares como instrumento, también sabe cómo hacer política para reforzar sus objetivos.

Si la sociedad estadounidense hoy tiene más claros los efectos del paquete de ajuste presupuestal automático es gracias a la síntesis que hizo este banquero central en la frase que acuño de fiscal cliff.

Lo gráfico de identificar el ajuste con un barranco hizo que los regularmente distraídos estadounidenses voltearan a ver lo que implicaba tener que pagar más impuestos y contar con menor acceso a diferentes servicios públicos.

Más allá de que los mercados financieros no necesitaban mucha explicación del efecto recesivo del paquete diseñado para suplir la falta de acuerdos políticos, la presión social conseguida con el concepto de precipicio fiscal es lo que ahora puede marcar la diferencia para conseguir un acuerdo entre la mayoría republicana de la Cámara de Representantes y la Casa Blanca.

Ahora, lo que parece que no queda muy claro entre la opinión pública es que el ajuste fiscal es algo irrenunciable para la economía estadounidense.

Acostumbrados a las historias en blanco y negro, hay la sensación de que un acuerdo entre demócratas y republicanos dejaría las cosas como están hasta hoy. Y eso es falso.

No hay posibilidad de que no se inicie ya la corrección fiscal. De lo contrario, en el futuro cercano los desequilibrios presupuestales podrían terminar por causar efectos más lesivos e irreversibles en la economía mundial.

Lo que ahora discuten Barack Obama, presidente de Estados Unidos, y John Boehner, vocero de la mayoría republicana, no es cómo evitar los aumentos de impuestos y los recortes al gasto. Lo que discuten es cómo hacer para que esas medidas que sí se van a aplicar sean más justas y menos dañinas para el entorno económico.

Sí habrá que pagar más impuestos en Estados Unidos, sí habrá recortes en el gasto social. Qué tan rápido y qué tan profundo llega la tijera al gasto y la guadaña del fisco es lo que ahora tiene poco tiempo para conseguir un acuerdo que atenúe las acciones.

Y si fue un banquero central el que concibió la frase del precipicio fiscal, bien podrían pedir prestada una frase a otro banquero del mismo tipo sobre lo que buscan para la economía estadounidense. Porque bien podrían hablar de fiscal flu.

O sea, un catarrito fiscal que tenga síntomas molestos, pero no mortales, que con el paso de los meses y las medicinas pertinentes se logren curar los síntomas y de hecho erradicar la enfermedad. Siempre será mejor tener gripa que caer en el acantilado.

Si logran tener una sintomatología económica menor y con ello pueden empezar la corrección fiscal de la economía estadounidense, tanto Obama como los republicanos podrán darse por bien servidos.

Pero para eso tienen que ponerse de acuerdo. Y tienen que explicar con urgencia que un pacto entre los dos poderes no es la salvación del ajuste, es simplemente tener un acomodo más moderado que el precipicio fiscal.

LA PRIMERA PIEDRA

¿Quién es ese político tan poco valiente que se esperó a que terminara el sexenio para insultar a Felipe Calderón y que no se atrevió a lanzar todas sus acusaciones en el momento en que se supone se enteró de tantas supuestas atrocidades?

¿Quién es ese que tiene la capacidad de irse del país a estudiar con una beca de la SEP vía el SNTE y que tiene los recursos suficientes para vivir sin trabajar?

¿Quién en el gobierno actual no le dice que aun hablando de un exfuncionario que perdió el poder presidencial, la calumnia sigue siendo un delito?

¿Nadie le enseñó que para tener la lengua larga hay que tener la cola corta? Sólo siembra sospechas de impunidad en la administración actual.