La labor del Banco Mundial (BM) puede ser un poco menos ingrata que la del Fondo Monetario Internacional (FMI). Y sobre todo ahora, que esta última institución tiene tantas presiones para rescatar a más de una economía europea.

El perfil del BM es mucho más social y de combate a las desigualdades en comparación con el estilo de atención de emergencias financieras del FMI.

Pero, de cualquier forma, representar a un organismo internacional en estos tiempos de crisis debe ser un asunto muy complicado.

Y no sabemos qué planes tendrá Robert Zoellick para el segundo semestre y en adelante pero, ciertamente, lo que ya sabemos es que no estará más al frente del Banco Mundial, a pesar de poder aspirar a un periodo más.

La institución, conformada por 187 países socios, siempre ha tenido hasta la fecha un Presidente de origen estadounidense.

Y si bien la Casa Blanca ya se apresuró a deslizar tres nombres para suceder a su compatriota Zoellick, lo cierto es que su salida revive el debate de la participación más amplia de otros países en la dirección de estos organismos internacionales.

Por lo pronto, la especulación alimentada desde Washington apunta a las siguientes personas para el relevo: Hillary Clinton, secretaria de Estado.

Una mujer de una amplia trayectoria internacional que no esconde sus ambiciones de más bien ocupar el Salón Oval de la Casa Blanca.

Otro nombre filtrado para ocupar la Presidencia del BM es Timothy Geithner, secretario del Tesoro, quien ha sufrido durante toda esta administración con una crisis financiera local y mundial de un tamaño que seguro nunca imaginó. Encabezar esta institución sería un retiro dorado para un personaje al que le han salido canas verdes.

Y hablando de canas, el último nombre deslizado es el de Larry Summers, un viejo lobo de mar que fuera, entre otras cosas, Jefe del Tesoro y que sabría cómo mantener en el carril de los intereses de Washington una institución tan importante como esta.

Pero este relevo no estará exento de la presión internacional para que Estados Unidos suelte las riendas de esta institución a la que muchos países sostienen.

Desde 1945 hay un acuerdo no escrito entre Europa y Estados Unidos para que la cabeza del Banco Mundial sea estadounidense y el titular del Fondo Monetario Internacional sea europeo.

Sólo que, en el relevo pasado del FMI, ese acuerdo fue duramente cuestionado y por poco y se concreta un relevo no europeo en la persona del mexicano Agustín Carstens.

Sólo que el tamaño de la crisis europea y las presiones de esa región lograron que Christine Lagarde se quedara al frente. Hay que decirlo, fue una excelente decisión para el propio Fondo.

Pero ahora que se da este relevo en el Banco Mundial, seguro subirá la presión para finalizar con esa tradición.

Claro que la salida de Dominique Strauss-Kahn estuvo marcada por el escándalo de un ataque o un montaje sexual que le costó la Dirección del FMI, pero también la candidatura presidencial francesa.

No es el caso del BM, que perderá a un hombre que es tan discreto como aparece en las fotos, no hay hasta ahora un solo escándalo que reprocharle a Zoellick.

Aunque no siempre fue así, el Presidente saliente del BM llegó precisamente después de otro escándalo de faldas. Porque el anterior presidente de esta institución, Paul Wolfowitz, se vio obligado a renunciar después de que se supiera que tenía en la nómina de este banco a su novia con prestaciones fuera de toda proporción.

Lo que está claro es que si alguien tenía información privilegiada sobre la futura salida de Zoellick del Banco Mundial, era la Casa Blanca, lo que le ha dado tiempo de planear una estrategia para designar un relevo, antes de que el mundo se pueda organizar para postular un buen candidato.

No me quedan muchas dudas de que Estados Unidos habrá de designar y prácticamente aprobar al siguiente Presidente del Banco Mundial.

Y que la participación de un funcionario no europeo o estadounidense al frente del FMI o del BM tendrá que esperar otros tiempos.

ecampos@eleconomista.com.mx